• Juan Pablo Trombetta

Agenda del lunes. Por Beatriz Bispe

Murió Maradona. Tiempo atrás esa palabra dejó de ser el Diego. Un 30 de octubre se transformó en el día que una repentina diabetes se llevó a María del Carmen. Prima muerte que me tocó de cerca. Hasta cierta edad el limbo de morir está muy lejos. Ese mediodía, la frase volver a la tierra, tomó otro significado. La oscura muerte, la tremenda y devastadora muerte trocó en verdadera. La percepción cuando alguien se va de gira, es confusa y la morbosidad humana es inquietante. Imaginar a un ser amado bajo la tierra, desarmándose… es por demás incongruente. Tu arbitraria partida me enseño muchas cosas, puertas mentales empezaron a abrirse, de repente tantas sensaciones eran tangibles. Traspasar esa conmoción del cuerpo que se pudre metros bajo los pies, costó varios insomnios. Finalmente aprendí, entre otras palabras, a entender lo que dejaste. Cuando algún corazón deja de latir, los vínculos no tan cercanos — los cercanos son inimputables— salen a mostrar su predilección por el difunto, a vanagloriarse de los momentos compartidos y todos los muertos son perfectos. Supongo que es la amenaza de su propia finitud, que los lleva, a reafirmarse en recuerdos. Vos sí eras extraordinaria. Tu sonrisa sincera, tu calidez, tu simpleza, tu incondicionalidad bella Mari… Fuiste la maestra que me mostró que los adultos también sonríen, aman y son vulnerables. Todo alrededor tuyo era divertido. En tu comida se experimentaba el mismo dulce sabor que en tu inocencia. Con tanto amor… era una obviedad que te iban a llevar temprano. Tan segura de tu cuerpo, grande para los que miran con los ojos, tan transparentes tus palabras y tus iris azules. Nunca vi reírse a mi mamá como con vos, a carcajadas sonoras y vibrantes, con lágrimas de felicidad agarrándose la panza. Con ocho años mi razón era distinta, pero sentía que ella era feliz. Como no amar a alguien que hace sentir a tu mamá de esa manera. No sé por qué te escribo hoy, creo que es una deuda que adquirí con nosotros. Si andás por acá anclada, cruzate para el otro lado, no te quedes más… la parte de mí que te retiene te suelta las amarras, para volver a encontrarnos en distinta barca. Te libero de mis evocaciones felices de tu presencia, para que vuelvas de verdad a la tierra. No puedo prometer que los demás te suelten, mi fracción, está curada. A esta altura tu cuerpo ya son flores y tu alma, otra mirada. La mente humana es un maravilloso misterio, la pregunta que me atormento toda mi existencia, es: ¿dónde existe todo lo que una persona era? Eso que nadie sabía. Pensamos tantas miles de millones de cosas por segundo… y una mañana, una tarde, nos vamos. ¿Nos llevamos todo eso en veintiún gramos?

Aquí el porqué me gusta escribir, creo. Nadie jamás nos conoce tanto como nosotros mismos, ni siquiera así a veces, no hay más clara o expandida forma de perpetuar un alma, que un papel que plasma emociones humanas. Los seres se van sin dejar testigos del amor que llevaban dentro, de las fórmulas de sus cabezas, los cuadros sinópticos con los que analizaban la vida. No es el miedo al olvido, es que no se vuelva inservible lo cultivado. Asé que gordi, voy a seguir viéndote en mi mente bailar la lambada espléndida, hasta que me toque irme, aun así abro las esposas que te unieron a mí por tantas lunas. En la radio que escucho habitualmente, un periodista contó que camino al estudio, tuvo un accidente en el que pudo haber muerto, un lunes. Entonces reflexionó: también se puede morir los lunes. Trato de mantener mi agenda de empezar el lunes al día, todos los días. Digo te amo; todos los días y cada noche, pienso si queda algo que valga la pena no decir, y dejarlo volverse un eterno pendiente si me muero mañana. Gracias por eso. Deseo que todos los que te amaron curen sus propias deudas con tu alma, así por fin la libertad te alcanza. Que descanses o que vuelvas pronto.


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