• Juan Pablo Trombetta

Bajar la guardiaPor Beatriz Bispe

Una vez leí que quien no puede dormir es porque siente que debe vigilar.

Haciéndolo más analítico y menos reaccionario, quitándole la primera impresión de cualquier ser humano, que sería vigilar = controlar, llega uno a la conclusión de que mantener la vigilia no es otra cosa que sentirse amenazado. Cuando el dolor ha sido moneda corriente, sea cual fuera la razón, coincidiendo en que cada Cruz es la más pesada para quien la porta, vigilar es no bajar la guardia.

Hace unos días un colibrí se presentó en mi vida. Un pajarito de apenas unos gramos obnubiló por completo todas mis razones. Nada era más importante que ese colibrí. Dicen que los colibríes no duermen, es un poco así. Todos saben que no pueden quedarse quietos, su corazón es tan intenso que la única manera de descanso es entrar en un símil coma. Bajan su frecuencia cardíaca y su temperatura para que su cuerpo crea que está muerto, y así, no morir.

Literalmente, amo esa incorrecta palabra, literalmente, se mienten a sí mismos para que no les explote el corazón.

La belleza del colibrí es claramente conocida por cada ser humano. Aún así el 99,9% de la población va a dejar este plano sin mirar a los ojos a una de esas pequeñas almitas. A simple vista puede considerarse un animalito frágil.

Mi apreciación es totalmente contraria. Un colibrí vuelve de la muerte todos los días, traspasó ese velo de soy solo un cuerpo, se muere y renace cada día de su vida. Vivo no puede estar quieto. Debe buscar y perseverar en su búsqueda cada diez segundos para seguir en tierra.

No puede bajar la guardia, si su cuerpo se queda quieto su corazón explota.

El colibrí no culpa a su naturaleza. El colibrí ha logrado lo que ninguna otra especie ha logrado.

Bajar los velos de su mente para morir adrede físicamente al caer el sol y despertarse cuando éste sale.

Es una noche en la que me encuentro iracunda con los dogmas y las construcciones sociales, en la que siento que no importa qué tan legítimo seas, qué tan leal, qué tanto amor entregues… nunca sos suficiente para la cuadradez de esta sociedad si no cumplís sus parámetros de moral inventada. Una sociedad en la que el que lucha es castigado por haber sufrido y jamás respetado por tener el valor de seguir peleando, de seguir amando.

Así que si sos parte de ese 0,01% nunca dejes que nadie te diga que no sos especial. Y si me preguntás esta noche, por qué a veces no puedo dormir, la respuesta va a ser: que si bajo la guardia me explota el cuore.

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