• Juan Pablo Trombetta

BARCOS DE PAPEL - ADQUIRIR Y APRENDER UNA LENGUA POR MARÍA CABANNE

Cuando enseñamos una lengua intentamos que la situación sea lo más cercana posible a una real. Sin embargo lo cierto es que los primeros intercambios que aprendemos nos permitirán presentarnos, hablar de nosotros mismos: dar nuestro nombre, explicar dónde vivimos, qué hacemos en la vida, qué lengua hablamos y escribimos, cuáles han sido nuestros estudios. Cuando aprendemos nuestra lengua, en cambio, incorporamos primeramente los nombres que se aplican a nuestros deseos y necesidades: mamá, papá, agua, pan, para simplificar un poco, y surgen de las interacciones naturales que tenemos con los adultos. Desarrollamos  nuestra lengua prestando atención al contenido de los mensajes en tanto que al aprender otra lengua reparamos más a la forma que nos tranquiliza en cuanto a la corrección de lo que decimos. Nadie enseña las normas gramaticales al bebé que comienza hablar y raramente le corrige errores. Y si bien las adquiere  no es consciente. Por el contrario cuando progresamos en el aprendizaje de otra lengua somos conscientes de la necesidad de respetar las reglas gramaticales que aprendemos. Los niños en el proceso de adquisición de su lengua materna se autocorrigen intuitivamente y quien aprende una segunda lengua sabe que debe recurrir a las reglas aprendidas para corregir sus emisiones.  Ellos están mucho tiempo expuestos a la estructura propia de la lengua en tanto que el aprendiz de otra lengua debe producir apenas las aprende. Así sucede con los aprendizajes de todo tipo: los chicos que ven a los padres cocinar y participan del juego y el trabajo adquieren la habilidad tempranamente. Si luego estudian gastronomía, se completará un aprendizaje de las técnicas. En la lectura y la escritura observamos la misma evidencia. Compartir la lectura desde la infancia permitirá adquirir habilidades que potenciarán el aprendizaje.

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