• Juan Pablo Trombetta

Barcos de papel. Una mañana. Por María Cabanne

Una mañana en Mar de las Pampas tiene algunas complicaciones: Alguien ha dejado un caballo atado a una acacia seca detrás de casa. Es gris, es casi blanco. Los perros ladran y ladran. El mira con los ojos atentos y desinteresados a la vez. Con las crines perladas de rocío y gotas de aromos. Llega la noche y todo sigue igual. El caballo atado, los perros ladran. A la mañana siguiente el caballo sigue ahí. Se ha enredado con la soga. Y casi no puede moverse. No relincha. Bufa. Mira con los ojos atentos y desinteresados. Le traemos agua, toma un poco. Relincha. Lo desatamos con dificultad. La soga se empecina en nudos y giros indolentes por las ramas secas de la acacia y come pasto ansiosamente. Se va por el camino de arena. Mi perra se revuelca sobre la bosta. Va a regresar verde y pestilente. Los pastos se mecen. Florcitas blancas y amarillas se agitan al borde de las calles. Un mar verde de silvestres y cielos. Nomeolvides entre los pinos. Y él se va con un trotecito libre para las casas.


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