• Juan Pablo Trombetta

Breve reseña de la evolución de la anestesiología.

Haciendo un gran esfuerzo de abstracción por la realidad bélica que está viviendo el mundo, continuaré sin embargo con este tema que ya tenía planificado.

Historia de la anestesiología en el mundo y en nuestro país:

Podemos encontrar los primeros registros, sobre el modo de aliviar el sufrimiento, remontándonos hacia el 4000 aC, por parte de los sumerios, con el uso del opio para calmar el dolor. Pero antes de esta etapa de la herboristería, fueron las plegarias a los dioses para que mitigaran las secuelas de los traumatismos y el sufrimiento, muchos de ellos como secuelas de las guerras. Hubo luego otra etapa donde se aplicaban ingestas, o inhalaciones o friegas de un modo empírico, y luego la etapa racional para finalmente llegar a la etapa científica. Los avances fueron permanentes, por los avances de otros campos de las ciencias, que a su vez tienen aplicación en las artes médicas, entre ellas la anestesiología.

La historia de la anestesiología está sumamente ligada, desde los orígenes de la humanidad, a actos rituales, de exorcización y de curadores mágicos. Coexistieron en esa época, la mandrágora, el beleño y el opio. De este último, tiempo más tarde se destilaron la heroína, la morfina y la codeína. Se dice que a Jesus le ofrecieron una pócima de un brebaje para mitigar su sufrimiento (marihuana). No hay registros seguros de cuándo se comenzó a utilizar el alcohol, pero se incluyó en las primeras experiencias para adormecer y mitigar el dolor. Del alcohol luego se derivó el éter y el cloroformo. Ante la necesidad de dar respuestas al sufrimiento por dolor, frente a las limitantes del conocimiento científico que no había avanzado mucho, se recurrió en ciertas oportunidades a la asfixia por compresión del cuello para desvanecer, a la contusión cerebral y al frío como formas de provocar analgesia y desconexión del paciente. El desarrollo del conocimiento, especialmente de la química y la medicina, permitió entrelazar los avances científicos. Muchas veces con aciertos, pero otras con fracasos y retrocesos. A su vez el progreso de la anestesia permitió el desarrollo de la cirugía, ya que esta tenía limitado su avance por los límites que generaba el dolor.

Hacia el siglo XV, la Santa Inquisición, la iglesia, persiguió la brujería, y hubo que modificar ciertas prácticas como la inhalación del opio y la mandrágora para no invocar al Diablo.

Para generar un cierto orden en nuestro conocimiento, digamos que las anestesias podemos clasificarlas groseramente en locales, regionales y generales. La local es por ejemplo la que se efectúa para una sutura por un corte, o bien la que se realiza para una extracción dental. La regional es la que se efectúa en axila o columna. A su vez la general puede ser por vía endovenosa o por vía inhalatoria. Más allá de este esquema existen diversas combinaciones.

Las ciencias en su desarrollo están plenamente comunicadas entre sí. Un avance en la química posibilita un avance en un tratamiento, el que a su vez modifica un abordaje quirúrgico. También los avances industriales, o en electrónica generaron avances en la anestesiología. Lo mismo que el desarrollo de los plásticos y de la óptica. O el avance de la endoscopia y la computación. Todos ellos tan entrelazados unos con otros, que ninguno podría avanzar sin el desarrollo de los otros.

En el siglo XVIII se describe lo que es el oxígeno y entre otros gases, al óxido nitroso, un verdadero gas anestésico, dando comienzo a una era de anestesias generales con un amplio margen de éxito. Fue en el año 1844 que el doctor Wells, utilizó en una extracción dental el óxido nitroso. Experiencia que posteriormente no pudo repetir luego de que fuera dada a conocer y terminó suicidándose. Luego el doctor Morton, un colaborador de Wells, usa con éxito el éter. Todas inhalatorias. Pero vayamos apreciando que si bien eran inhalatorias aún no existía la intubación traqueal para asegurar la ventilación del paciente, ni respiradores, ni monitoreos de presión arterial. Por lo tanto la anestesia se administraba con máscara, lo que convertía a todo el procedimiento en algo relativamente inseguro, pero aun así se ofrecía como una opción ante el dolor y la muerte.

Fue en 1878 que se abordó por primera vez la vía aérea con la introducción de un tubo en los pulmones que generó muchísima más seguridad para el aporte del oxígeno, como también del anestésico, y además protegió contra los riesgos de la aspiración del contenido gástrico. Este avance posibilitó luego el desarrollo de nuevos y más efectivos anestésicos inhalatorios. Así mismo, el invento de la jeringa como el de la aguja hueca entre los años 1844 y 1853 facilitó el desarrollo de la anestesia endovenosa. Años después la industria colaboró muchísimo con la generación de materiales descartables y el teflón.

Con la existencia de la jeringa y la aguja comenzó a desarrollarse de manera intensa el anestésico local, que se destilaba a partir de la hoja de coca. También la posibilidad de un fácil acceso a la vía endovenosa permitió el desarrollo del hidrato de cloral, luego el barbital y el pentotal. Tiempo después se elaboró el fentanilo y sus derivados, que tan penosamente es usado por traficantes en estos últimos días.

En 1847 se efectúan con el cloroformo, otro gas, varias cirugías. El nacimiento de Leopoldo, el hijo de la reina Victoria en 1853, estuvo a cargo del doctor Snow, quien es considerado en cierto modo el iniciador de la anestesiología, que consagró con mucho éxito un método que hasta hace pocos años atrás aún usábamos, que denominamos “anestesia a la reina”, para ciertos procedimientos cortos y seguros. Nada más que en lugar de cloroformo, que se había comenzado a desechar por tener cierta toxicidad cardíaca y hepática, se reemplazó por éter. También se comenzó a usar el cloruro de etilo, el de los clásicos “lanza perfumes de carnaval”. Hoy está fuera de uso.

Llegado el año 1904 se genera la primera Asociación Civil Anestesiológica en Nueva York y digamos que a partir de ese momento podemos hablar de la anestesiología como una rama de la medicina. Sin embargo en nuestro país se vivía esta práctica de un modo más informal, menos reglamentada. Fue en el año 1900 en el hospital Rawson que se hizo la primera anestesia raquídea con cocaína.

En nuestro país se vivía lo que se había vivido en otros países. La práctica anestesiológica aún no había despertado vocaciones. Por tal motivo esta práctica estaba en manos del cirujano que estaba operando y dando indicaciones, o de un médico clínico, o un estudiante, una monja o una enfermera. Pero no de un médico anestesiólogo. A principios del 1900 comienza a darse una necesidad de protocolización de esta práctica, que se va complejizando, hasta que en el año 1945 se funda la Asociación Argentina de Anestesiología. Hoy esta entidad, regula y administra la práctica y la formación de sus médicos especialistas. Dirige la residencia de la especialidad que dura 5 años luego de recibirse de médicos, y dirige el Centro de Simulación más grande de Latinoamérica.

La anestesiología pasó a ser, una especialidad médica, que incorpora todos los avances que a nivel internacional generan el avance de las ciencias. Y fue tal el desarrollo y la complejidad que ésta fue adquiriendo, que a su vez se dividió en subespecialidades. Está la que se dedica a la anestesiología cardiovascular, la anestesiología pediátrica, la obstétrica, la que se dedica a bloqueos regionales, al tratamiento del dolor, etc. Vaya para ellos mi grato reconocimiento.

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