• Juan Pablo Trombetta

Correo de Lectores. Un año de Mar (Azul)

¿El mar acá es más azul que en otros lugares de la costa atlántica? ¿Por eso se llama Mar Azul? ¿Existe una hora en la que el mar se ve más azul que a otras horas y justo en este lugar la luz pega de una forma particular sobre el agua y hace que sea más azul? Antes, ¿el cielo es azul por el reflejo del mar o el mar es azul por el reflejo del cielo? ¿O cada elemento tiene sus propias partículas con características azuladas que contribuyen a que veamos acá el mar más azul que en otros lugares? ¿O acá hay más de esos elementos con características azulinas? ¿O simplemente es una expresión de deseo?

Quiero que el mar sea azul.

El lugar donde se desea un mar azul.

No sé si realmente elegí venir a vivir acá a Mar Azul, creo que fueron una serie de casualidades. Las decisiones importantes las tomo así, de sopetón y con urgencia. Al principio lo más importante para mí era irme de Buenos Aires. No me fuí porque la odie, me fuí para rescatar el amor que siento por la ciudad. Necesitaba separarme y no podía hacerlo sin distancia. Lo que más me cuesta es separarme de las ideas, y dentro de las ideas, las ideas del amor son las más difíciles de abandonar. Necesitaba un abandono real, una distancia concreta. Mar Azul tenía muchos pros: la distancia justa, ni tan lejos ni tan cerca, bosque, el nombre: Mar Azul. Y lo mejor de todo: EL MAR. Como muchxs de lxs que nos vamos de la ciudad, quería era algo que se pareciera a la tranquilidad pero no exactamente eso porque la tranquilidad puede confundirse con aburrimiento o algo así y si hay algo que no quiero es aburrirme. A menos que el aburrimiento sea el despertar de emociones nuevas o diferentes o otras, como cansarse tanto de una misma que eso te haga empezar clases de cerámica en un casita en el medio del bosque en donde pensás que no tenés nada que ver con las personas que son tus compañeras de taller pero de repente alguna cuenta que en el invierno no hay nadie en ningún lado y eso te desespera y te cansan los pinos y la sombra y el frío y te cansás de la belleza y eso te hace pensar que estás un poco mal de la cabeza. Eso te da gracia, te reís, estamos todas riéndonos a las dos de la tarde de un día helado medio lluvioso, amasando cerámica e intentando que algo tenga algún tipo de forma. No te sale la forma que querés pero igual la forma esa rarísima que te salió es linda y no sabés bien por qué pero, de repente, la querés. La hiciste mientras te reías porque a veces las cosas trágicas dan risa. Y, a veces, muchas veces, eso es suficiente.

También, necesité hacer un duelo. O todavía lo necesito, nunca se sabe del todo el momento exacto en que ya dejas de duelar. Pasar las cosas de un lugar del cuerpo a otro. La transformación. Es el momento en el que el duelo empieza a tener sentido y decís no sé qué tanto avancé en esto del duelo pero estaba allá y ahora estoy acá y eso es bárbaro.

Por un momento, re chiquito, mirás y decís qué lindo el mar, pero las olas en invierno revuelcan mucho los pensamientos. A veces se revuelcan sobre sí mismos. No están todas las distracciones del verano: las texturas de las mallas, las sombrillas asesinas, los lentes de sol ridículos, las poses de relajamiento exageradas, el grito de churroo, churroo, churro, chipa, choclito, palito, bombón, mi amor, helado. En cambio, estás vos sola y el mar y las olas. Los pensamientos van directo ahí a la línea del horizonte que es imaginaria y como es imaginaria los pensamientos vuelven entre las olas. La ola lo trae un poco diferente, diría que aunque sea más mareado, más doblado, más espumoso, espumante, burbujeante, mínimamente algo cambió. El pensamiento ahora más burbujeante nos mira de frente y pasamos al siguiente. Así, un rato hasta que decís bueno basta de tanta melancolía pasemos a otra cosa y se te ocurre que quizás es buena idea escuchar música y la verdad es bárbara la idea porque no hay nada más lindo que escuchar música frente al mar. Entonces, estás ahí suena “Un break my heart” de Whitney Hudston y por primera vez prestás atención a la letra y gritás y decís: “Desllorá estas lágrimas.” y decís no hay traducción posible para eso, ni para eso ni para este momento en que el mar me permite estar triste ¿y qué? Estoy acá re triste frente al mar ¿y qué? Nada, todo bien estoy triste un ratito acá y grito y lloro y lloro un poco más y se acabó este momento, ya me atravesó y siguió de largo. La línea imaginaria nos pone en movimiento. Nos pone a desear. Hoy deseo que el mar se vea azul.


Tam Painé Ciai Averbach.

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