• Juan Pablo Trombetta

El Coronel Bicicleta. Por Pablo Franco

En el año 1943, el gobierno de facto designó Comisionado de la ciudad de Mar del Plata a un Coronel de apellido Linares. Entre sus nuevas ideas se destacó la de pretender cobrar una patente a las bicicletas.

En ese entonces, en Mar del Plata, la bicicleta era casi el único medio de trasporte de los trabajadores. Sólo había cuatro líneas de ómnibus en la ciudad, y se estimaba que más de sesenta mil personas usaban las bicicletas diariamente para movilizarse, principalmente hacia el trabajo.

Se estableció como plazo de regularización el día 15 de noviembre. Para ese entonces, algo más cuatro mil personas se habían presentado en la Municipalidad para realizar el trámite y obtener la patente. Como era un porcentaje mínimo de los ciclistas, se extendió el plazo por diez días más.

Mientras tanto, los sindicatos, llevaron a cabo una campaña contra el impuesto. Y los mismos trabajadores, cuando encontraban una bicicleta patentada, la descomponían, sacándole alguna de las partes necesarias para funcionar.

El domingo 21 se jugó un partido de fútbol muy importante entre un representativo del Uruguay y un combinado local. Se convocó gran cantidad de espectadores. Cuando el Comisionado municipal entró al campo de juego a dar el puntapié inicial se escuchó una silbatina generalizada, y, desde los cuatro costados de la cancha, el grito de ¡Coronel Bicicleta!

El costo de la patente era de seis pesos con veinte centavos al año. El sueldo del jornalero que menos ganaba en ese entonces, en la construcción, era de seis pesos.

Llamaron a una huelga que duró dieciocho días. Hasta que finamente los obreros ganaron la batalla.

No se trataba de un asunto de dinero.

Bien lo explicó Héctor Woollands, quien era hijo de Luis Woollands (conocido con el seudónimo de Juan Crusao), además de croto compañero de Bepo en alguna andanza, y después militante anarquista de Mar del Plata. Dice en sus memorias: «La oposición popular no se fundaba en el aspecto económico, sino en la faz moral. Era la huelga del pueblo por defensa de un derecho que le quería ser conculcado. El derecho de circular libremente con su bicicleta sin que nadie le interrumpa el andar porque no había pagado un gravamen. Circular por las calles de la ciudad en bicicleta era una libertad, una facultad como la de moverse caminando, como la facultad de ver y oír, sin la cual el individuo sería un mutilado».

Como la rueda de una bicicleta, la historia gira sobre sí misma. Nunca faltarán Coroneles Bicicleta. Esperemos que nunca falten anarquistas libertarios.


1 visualización0 comentarios