• Juan Pablo Trombetta

El rock es mi forma de ser. Por Adriana Franco

«Es brujería»

«Es un medio de comunicación»

«Es la puta libertad»

«Es actitud»

«Es un concepto»

Así definen al rock Vicentico, Alex Lora, Fito Páez, Julieta Venegas y Fernando Ruiz Díaz, mientras Fabiana Cantilo asegura que la clave es la falta de prejuicios y Andrés Calamaro pone la nota de humor: «Sexo, droga y rock and roll, por lo menos dos de esas tres cosas». Todo esto y un poco más en los vertiginosos primeros minutos de «Rompan todo», la miniserie que recorre la historia del rock latinoamericano en seis episodios. Tras este prometedor comienzo, el documental toma entonces el más convencional de los caminos, el cronológico, rastreando el origen o los primeros esbozos de rock, yendo de México a Buenos Aires, de Buenos Aires a Montevideo, y de Montevideo a Lima. Al correr de décadas y capítulos va registrando los grupos y solistas principales pero también retratando los momentos históricos y su influencia en la música, utilizando material de archivo y los comentarios de los propios protagonistas.

Pero volvamos al comienzo, porque en esa búsqueda de la definición de qué es el rock, parece estar el meollo del asunto a juzgar por lo que «Rompan todo» ha generado en redes y mesas. Así el documental que apuntaba a contar la historia se convierte en su vida pospantalla en un debate sin solución, abierto, y por eso mismo más interesante. Las primeras reacciones fueron de reclamo. Los fans de los ausentes o poco representados salieron a levantar la voz. Por qué está este y no aquel fueron las pancartas virtuales. Los metaleros pusieron el grito en el cielo. «Ni siquiera mencionan a Riff», dijo alguno. Los ricoteros por su parte aseguraron que no se puede hacer historia sin poner el eje en la banda más convocante y extraña que tuvo la Argentina. «Pero casi no salieron del país», contestaba otro señalando que el foco estuvo puesto en lo regional.

Muchos de los disparos apuntaron a Gustavo Santaolalla, incluidos memes y chistes que nos hicieron reír a todos. Se lo acusó de demasiado protagonismo, de hacer un documental o una historia a su medida. El ex Arco Iris es, de hecho, productor ejecutivo de «Rompan todo» y es por lo tanto, su mirada, una mirada sin duda apasionada, naturalmente parcial, aunque se ocupó de rodearse de un equipo de gente que están lejos de ser improvisados o ajenos a la movida. En especial, para algunos, fue indignante que volviera a traer a la luz aquel desencuentro con Charly García, en los años 80, cuando Santaolalla, ya instalado en los Estados Unidos, y fuertemente influenciado por el movimiento punk y sobre todo por la new wave, salió a criticar aquello de «mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar», aduciendo que García, o Seru Giran, su banda de entonces, ya eran parte del establishment.

Por supuesto no faltaron los debates ya no de quién falta sino de quién está. O, para ponerlo más contrastantemente, quién no merece estar. ¿Es rock Juanes? ¿Hay lugar para Maná? gritaron los indignados de las redes, volviendo sobre un viejo tema, una rivalidad medio futbolera que ya tuvo varias versiones y en las que el «mal» se puede amar pop o música complaciente, de acuerdo a los tiempos. Tantos años y tantos países son sin duda casi inabarcables.

Pero lo central sigue siendo el debate. Mientras siga así, abierto, el rock tendrá futuro, y seguirá siendo cambiante, movible, lejos de las fórmulas rígidas. Como cantaba Federico Moura en los ochenta, con toda la ironía que desplegaba Virus, «el rock es mi forma de ser», algo así como decir que puede ser todo o nada. Que cada uno entonces se quede con la definición que más le guste. Y la revise de vez en cuando para hacerle espacio a lo nuevo.


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