• Juan Pablo Trombetta

Es Piscis.

Re unión de todas las cosas, que sin aplastarse se empujan y conducen. Un segundo y el siguiente, un movimiento y el otro. Se sincronizan para guiarse hacia un destino indefinido.

Continuidad, cadena de sucesos, vía láctea, corriente marina.

Inacabable transcurrir de un flujo que nos arrastra hasta desaparecer al individuo y con formar el universo. Disolución de todo lo que lo divide y separa.

Infinito, caos perfecto. Y una respiración honda y profunda que no ordena, hace lugar.

El pecho que respira, ancho. Será cuenco cuando lo abra.

Nada resiste eternamente la presión del agua.

Todo lo que cargó el hombre sobre sus hombros será dulce río del deshielo.

Mantenga así irrigados los canales que le conectan al mundo. Sostenga todo lo que pueda su respiración y esa apertura. Afirme su fragilidad, sea testigo del temblor, presencie la vibración de la vida. Deje entrar, deje afectar y deje salir. Observe el barrido con el que se retira lo que no se corta. Ubíquese frente a las orillas de lo que puede contener, tal vez se sorprenda de lo extensas que se vuelven cuando las recorre.

Manténgase permeable al mundo, déjese conducir por él.

Todo encuentra relación, son incalculables las asociaciones y la extensión del tejido que formamos.

Asumir el sin fin, el des borde, la amplitud nos ofrece espacio y tiempo distópicos. Así se diluyen las finas líneas que lo diferencian todo,

lo que nos separa es también un lugar.

Piscis confunde las distancias, funde el adentro y el afuera, establece una eterna mente que comprende, integra y busca: acercarse, sumergirse, perderse, reconocerse, compartirse, devenir y continuar.

Siempre que quiero ponerle palabra a este signo me detengo frente a lo mismo, el final, no puedo determinar hacia dónde quiero conducirlo, cuál es el destino de su mensaje.

Las palabras brotan una detrás de otra como su propia naturaleza acuática, cientos de reflejos despedidos por el movimiento incesante, infinitos parpadeos que nunca son iguales.

No hay fin. Hay piscis. Un pez que va y otro que viene.

Una misma dirección, el amor más profundo por todas las cosas.

Ahora, perciba con sensibilidad, esa dirección. La atracción simultanea entre el destino y sus impulsos más honestos.



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