• Juan Pablo Trombetta

IGUAL QUE LA CIGARRA POR OSCAR RESCIA

Era la década del 70, y América en general, y nuestro país en particular, vivía jornadas muy intensas que ponían a prueba todo su andamiaje institucional, que dejó un tendal de heridos y desaparecidos que aun hoy nos siguen generando recuerdos  y dolores. Muchos años después, pudimos tomar conciencia  de haber padecido situaciones que con justa claridad alguien definió como "el insilio". Este término que no encuentro  en los diccionarios, ni con s ni con x, habla a las claras de ese estado diferente al exilio. En el exilio uno opta por irse del país. Si es que puede opta por irse buscando otra realidad que no le sea tan adversa. Una realidad que le presente opciones mas favorables a lo que uno aspira. En cambio el "insilio" es ese otro estado en que uno está obligado a  quedarse aunque quiera irse. Quisieras estar muy lejos pero estas obligado a permanecer. Cada día que te despertás, lo hacés disconforme con la realidad que te toca vivir pero debés permanecer pues no tenés posibilidad de exiliarte. Sos un "insiliado". En el exilio existe la convicción de que la realidad te resulta adversa y a veces peligrosa. Por diferentes motivos uno debe, y a veces de un modo apresurado, dejar todos los recuerdos. Los recuerdos visuales. Los olores. Los afectos. El barrio. La familia. Los sabores, hasta los rincones que en algún momento nos cobijaron, para poder revertir una determinada situación que a veces incluye la propia vida. Pero lógicamente uno tuvo la oportunidad de irse. Tuvo los medios y la suerte de poder irse. Inclusive a veces hasta elegir a donde irse. Pero es triste. Demasiado triste. Te atarás a alguna foto, a una determinada música, a un llamado telefónico, al sabor de una cucharada de dulce de leche, en fin, a algún recuerdo que transitoriamente te permita acortar distancias. Pero para ciertas fechas no. Para las fiestas nada, absolutamente nada te permite acortar distancias. Esas distancias existen y en determinadas fechas se agigantan. Ese es el exilio. Nunca sabrás si el desarrollo de tus afectos, o de los nuevos vínculos que se van desarrollando en tu entorno te permitirá volver a tu país. Como tampoco sabés si tu país te aceptará. O si cuando puedas volver la realidad será la misma. No sabés nada. Solo querés que el tiempo pase y las noticias sean buenas. Mientras tanto sobrevivís. Conservás los recuerdos. Te aferrás al último paquete de yerba y sobrevivís. Te amuchás con los pocos amigos de tu propia historia que pudiste conservar. Pero sobrevivís. Te causa alegría que tus hijos generen nuevos vínculos, pero también te genera el temor que hará mas difícil el retorno. Pero hay circunstancias en que por motivos diversos no es posible exiliarse. Para hacerlo se requiere una cierta estabilidad económica, afectiva y emocional  que no siempre es posible lograr. Cuando no es posible exiliarse  uno se mete en un túnel. Se calza un traje de amianto. Un casco de buzo, y se zambulle en un mundo virtual para sobrevivir. Se hace lo necesario  hasta que el terror desaparezca. Hacés lo necesario para subsistir y esperás que el mal tiempo pase. Se sabe cuando se entra en ese túnel. Jamás se sabe cuándo se puede salir. Y aun cuando comiences a salir, jamás sabrás si has salido del todo. O si algunas partes de tu ser quedaron sepultados por ese  ostracismo que te has impuesto para poder sobrevivir. Ese es el "insilio".  Cuando te vas del país real y te metés en otra realidad pero fingiendo y ocultando a cada momento quien sos. Ocultás lo que pensás. Siempre opinarás de un modo neutro. Ocultando  tu visión del mundo. A partir del momento en que decidís insiliarte pasás a ser cualquier persona menos vos. Lo mejor es no llamar la atención. Dejar que el tiempo transcurra. Ser uno más y acomodarte en un estado neutro. Uno se insilia por diferentes circunstancias. Todo se vive con temor e insatisfacción. Dejás de ser vos para asumir un aspecto que te proteja y no te agreda. Te enajenás y no sabés hasta cuándo podrás tolerar. Pero dejás de ser vos e intentás generar una imagen que no te pertenece. Alguna vez he intentado comparar el exilio y el insilio. Ver cuál lastimaba más ese derecho "a una vida digna". Simplemente son dolores diferentes. Pero en ambos casos son dolores que te lastiman por igual. No sé cuáles son los miedos que persisten en el transcurso del tiempo cuando alguien tuvo la necesidad de exiliarse. Pero intuyo que del insilio es sumamente difícil terminar de volver. Siempre te queda un poco de temor a mostrar quién sos. El insilio es un espacio que cada uno inventará para  retardar una realidad que en algún momento se deberá enfrentar. Por ello mi pequeño homenaje para aquellos que por diferentes motivos han tenido la necesidad de ser como la cigarra. Mi homenaje por la valentía de haber decidido salir de ese túnel y vivir la vida.

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