• Juan Pablo Trombetta

La maternidad: así en la vida como en la ficción. Por Jazmín Carbonell

Si durante mucho tiempo la maternidad tanto en cine, como en teatro, como en series y libros estaba tan idealizada que prácticamente no se podía pensar en ella ha llegado el tiempo de volver a mirarla desde otros ángulos. Esos que incluso incomodan. Que nos ponen en alerta y en aprietos y nos impiden saber qué opinar y qué decir. Hubo autores que se animaron, es cierto. Muchos. ¿Pero los suficientes para instalar el tema como una duda que arrasa? ¿O solamente como una excepción, la de una mujer que tenía problemas y no podía ser madre, la de una madre que no le encontraba la vuelta a la crianza, que padecía problemas mentales y no podía hacerse cargo ni de su propia vida?

Desde el comienzo de este nuevo milenio, un sinfín de propuestas trae más preguntas que certezas. Será quizás porque muchas más mujeres toman la voz. Será quizás porque el tema ya no es tabú. Será porque los nuevos tiempos instalan la maternidad ya no como una obligación y un mandato a secas sino como una elección. ¿Es posible elegir con tantos milenios de modelos incuestionables a cuestas?

Federico García Lorca ya se había animado a tratar el tema. Yerma, La casa de Bernarda Alba. Y no es casualidad que Pedro Almodóvar en Madres paralelas, su último film, estrenado recientemente en salas y hace menos aún en Netflix, invoque al propio Lorca, lo sumerja adentro de su película porque sí, porque son hombres que se atreven a patear ese tablero del estereotipo. En su film, dos mujeres se convierten en madres pero sus hijas son cruzadas al nacer. Poco tarda una en darse cuenta, ella, la protagonista, la que busca salvar la identidad de sus bisabuelos y abuelos muertos por la Guerra Civil, enterrados en una fosa común sin el digno sepulcro que se merecen nuestros muertos. Una especie de Antígona moderna que necesita salvar la historia para cerrar de alguna manera la herida. Del otro lado del relato, la segunda madre, muy joven, víctima de una violación múltiple que le impide saber quién es el padre –qué actual que resuena este tema- y arrastra una crianza sacudida por los mandatos. Su madre es actriz y no quiere resignar el papel de su vida en Doña Rosita la soltera de Lorca para hacer de abuela. Y sí, quizás esta vez le cueste la injuria social, el espanto, otra vez la culpa. ¿Pero quién nos puede privar de nuestros deseos?

Si Almodóvar irrumpió en la escena cinematográfica de los 80 con sus planos coloridos y descontrolados, con mujeres que se perdían en sus propios nervios, con una paleta de personajes marginales que todos preferían ocultar, hoy, más grande y mucho más sobrio, abre preguntas que no tienen respuestas. ¿Sigue siendo el modelo familiar padre y jefe del hogar, madre e hijos el único aceptable ampliamente? No, sin dudas que no. Y Almodóvar lo sabe y lo muestra con la maestría del buen contador.

Y entonces Madres paralelas se suma a la lista de películas que tocan este tema con tanto amor como dolor, con tantas preguntas como sinsabores. La hija oscura, Distancia de rescate, Por tu culpa, Alanis, y una larga lista que se ensancha para abrir un debate infinito. ¿Es acaso imperdonable que una mujer no quiera ser madre de sus hijas por unos años porque un amor le arrebató el deseo de la maternidad como en el caso de La hija oscura? ¿Es acaso culpable la madre protagonista de Por tu culpa (Anahí Berneri) cuando uno de sus hijos se cae de la cama estando ellos a su cuidado, sin ayuda de nadie y además tiene que trabajar en su casa mientras las tareas domésticas la abruman? ¿O es acaso menos madre Alanis, trabajadora sexual, que cuida como puede a su pequeño niño en medio de un mar de injusticias sociales?

¿Quién le puede decir qué está bien y qué no a una madre? “Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo “distancia de rescate”, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería”, dice la protagonista de esa novela de Samanta Schweblin que se convirtió en película el año pasado. “¿Así la pierdo? El hilo está tan tenso que lo siento desde el estómago”.



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