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  • Juan Pablo Trombetta

La tortilla. Por Federico Navascues

- Dale nene, levantante de una vez, deja de dar lástima. Ya no hay tiempo, entendés, ya no hay tiempo carajo; todo se va a la mierda. Hasta cuando vas a dormir en los laureles. No es joda lo que está pasando. ¿Dónde mierda quedaron la igualdad, la conciencia de clase, la solidaridad? ¡Qué carajo les pasa viejo!. Antes todo era más claro, los laburantes éramos laburantes y nos defendíamos a muerte, dábamos la vida en las calles. A vos te consta, sé muy bien que leíste y viviste. Ahora andan todos divididos por banalidades; por pelotudeces. Es el egoísmo, el individualismo, el miedo a perder el estatus. ¡Sí! El pedorro estatus que les vendió el mercado. Después me hablan de libertad. Libertad para qué, para comprar dólares, para viajar afuera, para verte cien capítulos de Alicia en el País del Consumo. Nos cagaron, nos metieron esa mano en la quijada que tanto temimos; nos comieron las entrañas… Si no reaccionamos ahora somos boleta, todo fue al pedo. ¿Qué vas a hacer con el “juntos venceremos”; “hasta la victoria siempre”; “patria o muerte”; “que se quiebre pero que no se doble”? Decime, por favor, decime que no vas a dejar todo por el psicólogo, la autoestima, las metas mensuales y la gimnasia. Por favor, necesito que pelees, que pelees como nunca antes, con más fuerza. ¡Tenés que volver a presentarte y ganar!.


- Dejame de joder Emilio, por mi vieja te lo pido, déjame de joder. Las cosas cambiaron querido. Hoy no todos peleamos por las mismas libertades: ¿entendés?. Cada uno busca cómo salvar su culo en este despelote. Los viejos se fueron muriendo y los pibes no sé en que mierda están pensando. ¡Yo que sé!. Ahora pretenden vender hasta los órganos en un acto de libertad y vos querés que salga con un megáfono a dar vueltas por el laburo, a concientizar con Marx, Nietzsche y Trotsky. Decime por favor qué carajo les digo, si todo es odio. Hablás de compromiso y te odian un poco más, que ironía la concha de la lora ¡No sos ingenuo! Sos bien consciente que la meritocracia fue la puñalada final para dividirnos. Hoy no tenemos nada que ver los unos con los otros. Los del sótano pelean por sobrevivir, los del piso no quieren hundirse un poco más, los que llegan a fin de mes se piensan pudientes. Del medio pelo que te voy a decir que no haya dicho Jauretche. Son las pequeñas desigualdades, ese conjunto de mínimas e imperceptibles mezquindades las que nos llevaron a esto; todo fue tan lento pero tan rápido, un cálculo perfecto. Le hicieron creen al laburante que era un burgués y zas. Es triste querido, pero sabes algo, les gusta la desigualdad, aman sentirse alguien frente al que está caído, frente al que se fue un poco más a la mierda. Te pido un favor, te lo suplico, déjame vivir en paz, ya me cansé de correr en contra de todo. Tenía razón Cacho, es mejor acomodarse a los tiempos, ser como el agua que se amolda a las distintas superficies. Es así…


- ¡Andate a la reputísima madre que te parió pelotudo!. Veinte años militando con vos, a tu lado. Veinte años de marchas, banderas, saltos, luchas: ¡entendés!. Cacho nunca pensó en nadie, siempre le importó su carguito, su quintita y nada más. Un gremio y un país no se hacen con millones de tipos como Cacho, se hacen con militantes de verdad. Ya no te animás a hablar, qué pasó, querés ser “cool” ahora, o como mierda se diga. Seguro que se te va la poca guita que tenés en aparatos modernos y camisas pedorras con nombre inglés. Mira, sé muy bien que pensaste irte a España, que tenés miedo por tus pibes, por su futuro. Pero no podés dejarnos acá, siempre vamos a encontrarte y machacarte el bocho, porque sabés que tenemos razón. Sos bien consciente de que la única pelea que se pierde es la que no se da, la que se abandona.

- Emilio vos te morite hermano. Te moriste y te lloré mucho. Fuiste un grande, un genio, un referente para mí. Que más querés que te diga. Que hay veces que me siento un gil. que hay momentos donde intento olvidarme de todo y salir a correr a los santos pedos por la calle. Que no sé cómo mierda juntar los distintos trozos de mi vida. No soy una brújula, tampoco puedo vivir eternamente planteándome y replanteándome todo. Necesito que fluya la vida. Tengo un despelote en el bocho hermano…


- Coco, muerto no estoy porque me estas recordando. Y ahora que te escuché me puedo quedar tranquilo. Es bueno que tengas todos esos despelotes adentro, es señal de que todavía estas luchando. El día que sientas que encontraste la tranquilidad y que ya nada amerita la lucha, ese día y solo ese día te habrán vencido; nos habrán vencido. Te mandan saludos tu abuelo y la vieja. Dicen que siempre fuiste feliz en el barrio y que cantes esa canción que tanto te gustaba. Esa de Víctor Jara. Te acordás, decía:


“Cuando querrá el Dios del cielo

Que la tortilla se vuelva

Que los pobres coman pan

Y los ricos mierda, mierda”.


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