• Juan Pablo Trombetta

Las charlas que no fueron. Por Adriana Franco

El bosque quedó más negrojusto en este tiempo de noches largas y frías. El bosque, ese espacio que desde siempre inspira cuentos y leyendas, sitio de oscuridades y duendes, de lobos feroces y niños perdidos, que fue el lugar que eligió Juan Forn para vivir y para contribuir con sus historias a agrandar su misterio, a renovar sus claroscuros.

No fui su amiga. Como vecina reciente de este mismo bosque, apenas hubo tiempo para un breve cruce y la sensación, con esa certeza tan mortal de sentirnos inmortales, de que lo volvería a cruzar, que habría tiempotal vez para intercambiar ideas y pasiones. Así que acá nos hemos quedado algunos, dolidos, extrañando lo que podría haber sido, como si su partida nos hubiera dejado más solos, más desamparados.

Imaginé en esos días que siguieron a su partida que, si se hubieran dado esos encuentros, seguramente habríamos hablado de las redacciones, esa extraña cofradía de curiosos apasionados. Porque además de escritor,

editor y descubridor de nuevos autores, Juan Forn fue un gran periodista. No solo por haber creado Radar, un suplemento que hizo honor a su nombre pero sobre todo un faro que alumbró nuevos autores,que nos permitió recorrer otras latitudes de la narrativa y hasta una forma de entender qué significaba, que significa hoy, un suplemento cultural. Porque ademásestán sus Contratapas, esos textos quincenales en los que seguía ejerciendo el periodismo en su mejor forma: abrir a los lectores ventanas a novedades o a descubrir lonuevo en historias, escritores o hechos transitados pero que bajo su mirada se nos revelaban distintos.

Creo que la conversación, esa conversación en ese futuro que no fue, habría sido en pasado porque la mayoría de las redacciones se han convertido hoy en una suerte de Pedidosya! de textos, un «servicio» que le ofrece al supuesto lector lo que éste pide, o sea más de lo que ya leyó y lo más rápido posible, sin sutilezas ni nuevas reflexiones, atadas al autoritario dictamen de los clics, de los vistos, de lo más leído. El lector convertido en editor máximo.

Y vaya uno a saber por qué, fue la Contratapa del último viernes de 2020 la que me rondó y me sigue rondando en la cabeza, la de la canción de Warren Zevon «Desesperados Underthe Eaves» (y que, nos cuenta Forn allí, Bob Dylan llamaba «la sinfonía del aire acondicionado», y pienso ahora que también me hubiera gustado hablar con él de Dylan.) Pero lo importante es que con ese texto logra aquello que busca todo buen periodista: estremecernos, conmovernos, convocarnos, y hacernos volver, a la canción en este caso, para escucharla con oídos nuevos.


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