• Juan Pablo Trombetta

Las pelotas. Boxeo en Auschwitz (parte 1). Por Juan Martín Trombetta

En una esquina de un cuadrilátero improvisado, con un metro setenta, menos de 50 kilos, y el número 77 tatuado en el brazo, uno de los primeros prisioneros de Auschwitz, el polaco Tadeusz Pietrzykowski. En la otra esquina, con casi la misma altura pero unos 20 kilos más, Walter Dunning, un kapo alemán.

Pietrzykowski llegó a Auschwitz el 14 de junio de 1940, con 23 años (08/04/1917), en un camión con los primeros prisioneros políticos polacos. Teddy, apodo con el que lo conocían, sabía que Dunning le había roto la mandíbula a otros dos prisioneros, sus compañeros le advirtieron que no se subiera al cuadrilátero con él, pero no pudo negarse al pedazo extra de pan que le ofrecieron si aceptaba el desafío.

Dunning, que había sido campeón alemán de peso welter antes de la guerra, buscaba entre los llegados a Auschwitz personas que supieran boxear, y se había enterado de que entre los polacos había uno que había sido campeón nacional y de Varsovia, por lo que fue directamente a buscarlo.

Tadeusz no buscaba solo el pedazo extra de pan, sino que quería posicionarse dentro del campo de concentración, ya que no tenía ninguna profesión, y solo aquellos prisioneros útiles para los nazis tenían alguna posibilidad de sobrevivir.

Compartir ese pedazo de pan también le permitió formar una comunidad dentro del campo, ganar cierto reconocimiento entre sus compañeros.

Durante el primer round Teddy esquivó y bloqueó todos los embates del alemán, mientras que sus golpes llegaron a destino, pero parecía no sentirlos. El púbico era una mezcla de kapos alemanes asombrados por su técnica con otros presos polacos que ilusionados gritaban e insultaban a los alemanes. En el descanso entre los rounds Teddy levantó la mano pidiéndole a sus compatriotas que hicieran silencio, ya que aun en el medio de la pelea comprendió que les podía costar la vida seguir insultando a los alemanes.

En el segundo round Dunning salió enfurecido, tirando una derecha tras otra, lo que permitió que Teddy llegara con un gancho de contraataque directo a su nariz; apareció la sangre por la que clamaba el público polaco. Ambos púgiles se quedaron quietos, en la misma posición posterior al gancho. Los polacos rugían pidiéndole que le siguiera pegando, pero los Kapos los silenciaron a patadas. Walter se secó la sangre y se acercó a su contrincante, se sacó los guantes y los rodearon los kapos, le pidió que lo siguiera y lo llevó a otro bloque. Lo felicitó, le ofreció un pedazo de carne y pan -que más tarde compartiría con sus compañeros de bloque-, los kapos que durante el día lo trataban peor que a un animal le sonreían y daban palmadas en la espalda. Además consiguió otros beneficios, como trabajos menos exigidos y bajo techo.

Desde ese día siguió boxeando, en total tuvo unas 60 peleas, de las que solo perdió una contra el holandés Leen Sanders, campeón de peso medio de su país. Fue tal el reconocimiento que alcanzó que miembros de la SS iban a verlo y apostaban en sus peleas. Incluso logró, gracias a sus influencias, que lo trasladaran a Neuengamme, otro campo de concentración en el que siguió boxeando, más benevolente que Auschwitz. El 14 de marzo de 1943 que abandonó Auschwitz, Walter Dunning le regaló sus guantes como reconocimiento.

Recuperó la libertad el 14 de abril de 1945, cuando los aliados llegaron al campo en el que se encontraba, y volvió a boxear como profesional. Logró nuevamente el título nacional polaco pese a los estragos que había generado el cautiverio en su cuerpo. Después de retirarse se recibió de profesor de educación física, de lo que trabajó en Polonia hasta su muerte, un 17 de abril de 1991.


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