• Juan Pablo Trombetta

Nuestros Vecinos. Liliana Buceta, Osvaldo Muñoz y el recuerdo de su Cabaña Huinca

Cabaña Huinca cerró hace unos años y muchos la echamos de menos. No eran solo las riquísimas comidas caseras, eran los encuentros, la música, las sobremesas interminables...

En 2011, en la saga nuestros vecinos, publicamos en El Chasqui la nota que le pedimos a Liliana, para que nos contara cómo fue el inicio de la historia de los Muñoz en Mar de las Pampas:


Mucho es lo que podría escribir sobre nuestra llegada a Mar de las Pampas, muchas veces contamos la historia de cómo llegamos a este lugar y cada vez que la cuento no dejo de disfrutar el relato. Cuando leo o escucho historias de otras familias siempre tienen puntos en común. Muchos de nosotros llegamos de casualidad o de curiosos, como nos pasó a nosotros. Era el año 1997, el mes de diciembre, estábamos de vacaciones en Pinamar y nos tocó un mes muy lluvioso, teníamos a nuestros hijos Alejandro, Federico y Fernando, que eran chiquitos e inquietos, por lo que todos los días hacíamos un programa diferente, hasta que un día le tocó a Mar del Plata. De pasada por estas tierras por la ruta 11 vimos el cartel de Mar de las Pampas y nos llamó la atención, ya que jamás habíamos escuchado ni siquiera el nombre. Con Osvaldo quedamos en visitar el lugar a la vuelta. Nos entretuvimos en Mar del Plata y cuando volvíamos ya comenzaba a oscurecer, pero igual entramos. Veíamos un pinar al fondo que nos atraía demasiado, mientras entrábamos se nos cruzaron dos liebres, más adelante pajaritos rojos (que con el tiempo aprendimos que eran churrinches), se nos cruzó una iguana, que dicho sea de paso la semana pasada vimos una, nunca habíamos vuelto a ver otra. Cuando llegamos a lo que hoy es el centro guiados por los carteles y recorrimos un poco las callecitas hasta llegar al mar, nos encontramos con la inmobiliaria de los Vázquez. Ya era de noche, por lo que regresamos prometiéndonos volver al día siguiente.

Al otro día, los chicos, que habían quedado encantados con el lugar, nos pidieron volver y nosotros con más entusiasmo que ellos accedimos sin discusiones. Llegamos y era el mejor día que habíamos tenido en todas las vacaciones, fue el día ideal para terminar de atraparnos. Entramos y empezamos a dar vueltas y cada vez nos gustaba más, todavía no sé cómo llegamos a Viejos Tiempos y su ejército de colibríes, ¡no lo podíamos creer! Salimos de ahí y fuimos directo a la inmobiliaria de Mar de las Pampas donde nos atendieron Marisa Arredondo y Jorge Vázquez, y luego de charlar un rato y averiguar sobre los lotes vimos el que luego terminamos comprando y donde hoy está Cabaña Huinca. Regresamos tejiendo sueños e ilusiones y nos quedamos hasta tarde charlando sobre el proyecto, siempre habíamos tenido el sueño de hacer algo en la costa, algo comercial y venirnos para acá, un Café o una casa de tortas, ya que a mí me encanta cocinar. Y habíamos encontrado EL lugar.

En Buenos Aires teníamos nuestra casa sin terminar, hacía años que la estábamos haciendo de a poco y al regresar debíamos continuar con otra parte, pero… en ese momento estábamos tan entusiasmados que nos convencimos uno al otro y antes de volver pasamos y lo señamos. No teníamos para la escritura y Jorge nos alentó, ya que hasta marzo él no volvería a Buenos Aires, así que tendríamos unos meses para juntar el dinero. Nadie podía creer lo que habíamos hecho y lo seguros que estábamos del proyecto, nos trataron de locos, de hippies, y de muchas otras cosas.

Con el tiempo terminamos y decidimos vender la casa y construir Cabaña Huinca. Era el año 2000, cuando viajábamos a ver la obra y comenzamos a conocer gente que había tenido nuestros mismos sueños, nuestros mismos proyectos y que habían dejado todo como nosotros. En enero del 2001 abrimos, y acá estamos. Atrás quedó nuestro trabajo en el Free shop, y comenzamos primero con el café y los panqueques, después cuando abrieron el centro comercial el café ya se lo tomaban en el centro y cambiamos por el restaurante, todos me alentaban y me decían que cocinara lo que cocinaba siempre: comida casera. Y así comenzamos. Osvaldo empezó a fabricar cerveza, y él, que nunca se le había animado a la cocina, empezó a entusiasmarse y entre sartenes y ollas ahora es el especialista en pescados, pastas y las milanesas, nadie las hace como él. Cocinamos como nos gusta a nosotros y se ve que a mucha gente le gusta lo mismo. Como contaba antes conocimos a mucha gente, teníamos tiempo para charlar, para jugar a las cartas y para guitarreadas. Nos divertíamos mucho y nos juntábamos mucho, todos venían a tomarse un cafecito y terminábamos con una gran mesa de vecinos, ya que clientes en invierno había pocos. Estábamos todos con más tiempo del que tenemos ahora, poco a poco esto fue creciendo y ya no nos conocemos todos. No quiero nombrar a nadie para no olvidarme de ninguno, pero todos nos marcaron un poco en aquel tiempo, todas las historias eran parecidas y Juan Pablo y Gloria eran de los que venían a charlar con nosotros y hoy, a pedido de ellos, les cuento cómo llegamos a éste, nuestro lugar en el mundo.


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