• Juan Pablo Trombetta

Los huevos de oro todos en la misma canasta. Por Alejandro Silva

En clave culinaria, el título contiene un maridaje de dichos populares, eso de no matar la gallina de los huevos de oro, con aquel de no colocarlos todos en la misma canasta. El primero nos remite al carácter avaro que tuvo el dueño de la ponedora milagrosa en querer abrirla para encontrar su secreto y reproducirlo para obtener mayores ganancias, claro está, que el animal por dentro era igual a otras gallinas y nunca se supo como convertía a su posible descendencia en oro, y el segundo nos cuenta que si algo le pasara a una canasta llena de huevos nos quedaríamos sin nada, por tanto, al dividir el producto en varias, al menos nos quedaríamos con algunos. Este cándido juego reflexivo de combinar ambos dichos me sirve para explicar, lo que creo a futuro bien mediato, deberíamos debatir creativamente sobre los que nos está pasando económicamente en nuestra Villa.

La brutal pandemia que estamos transitando nos debería dejar varias enseñanzas, tanto en lo político, social y sanitario, como así también llamarnos a reflexionar sobre la necesidad de una urgente diversificación de nuestra matriz productiva para minimizar la falta de recursos que la estacionalidad nos impone. Esta temporada de manera cruenta lo puso blanco sobre negro, ante las restricciones y precauciones por la circulación viral, el turismo previsiblemente disminuyó y las consecuencias de las pérdidas económicas aún están por mensurarse. Fuimos, somos y naturalmente seremos una localidad turística, el privilegio de convivir con el mar, las playas, los bosques, sumado a la calidad y calidez hospitalaria de nuestra comunidad, históricamente así lo determinaron. Pero no podemos seguir especulando que lo que generemos durante la temporada alta nos va a servir para subsistir durante la baja, hace muchos años que eso no ocurre, de ahí que se torne imperiosa la discusión sobre el tipo de turismo que necesitamos, qué actividades productivas pueden generar valor para ofrecerles y fundamentalmente: ¿podríamos proyectar actividades que generen valor por fuera del turismo?

Con la potencialidad de recursos existentes, tanto humanos como los que nos brinda nuestro territorio, y simplemente a modo de disparador, podríamos pensar en proyectos acompañados por el Municipio, la Provincia y hasta por la Nación como pesca cooperativa artesanal, producción de dulces, agricultura familiar, hilanderías, fábrica de ladrillos, de cerramientos, de sábanas y cortinas, artefactos de iluminación, miel, panificados o cultivo de hongos, entre otras actividades que sean complementarias con el turismo. No sería descabellado suponer por fuera de esta actividad primaria, la creación de una Universidad que en su sinergia nos permita paliar la capacidad habitacional ociosa, la instalación de locales para apuntes y fotocopias, potenciar las bibliotecas existentes, reducir la migración de nuestros jóvenes hacia otros destinos y convertirnos en un polo educativo en la costa atlántica con carreras que se relacionen con nuestro entorno y necesidad productiva.

Varias de estas reducidas ideas que aquí bosquejo seguramente se encuentran en desarrollo, buscando financiación, inversores o aprobaciones administrativas dentro del fangoso derrotero burocrático, pero insisto, sería interesante que fueran ganando posiciones en la discusión de la agenda pública para que esta falta de diversificación productiva nos deje únicamente atados al turismo.

Si seguimos exprimiendo la gallina de los huevos de oro, esa fuente de riquezas se irá agotando por intentar obtener el máximo beneficio de una sola actividad, de ahí que deberíamos crear otras canastas y evitar que se rompan los menos huevos posibles.


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