• Juan Pablo Trombetta

Los mundos Jotaefe

Las goteras. Cuando llegaste a casa te destinamos un cuarto para dormir y un espacio para trabajar con independencia del frenético movimiento de la familia (que incluía dos perras y un gato). Lugares muy chicos, muy simpáticos y llenos de goteras. Aunque le restaste importancia, tu vieja notebook concluyó su vida útil empapada durante un diluvio nocturno. “Igual estaba por cambiarla”, nos dijiste para que no nos sintiéramos tan mal. Aquel verano de 2011, cuando a la noche se largaba fuerte, yo bajaba a tus dominios y me fijaba que la nueva compu estuviera a resguardo; después rodeaba tu cama de cacharros para juntar el agua que, por suerte, no caía directo sobre vos, que dicho sea de paso seguías roncando como si nada.



El Escorpión. A principios de 2016 yo tenía firmado un contrato con la editorial Corregidor para publicar el libro Mi amigo el Escorpión. Pasaba el tiempo y la editorial no confirmaba fecha de publicación. Me contaste que “los chicos de La Zorra son un encanto y van a arrancar una editorial independiente que va a ser un cañón”. Así que me los presentaste y a Tere y Pablo (en efecto un encanto de personas) no les quedó otra que publicarlo. Para convencerme rápido, me dijiste: “si lo hacés con ellos te ayudo a sacarle punta al original”. Un par de días después había rescindido el contrato con Corregidor y arreglado con “Pablo Ayacucho”, como le decías siempre. Entonces viví dos meses de privilegio. Tres o más veces por semana nos juntábamos en tu casa. Ahí comprobé la clase de animal literario que eras. Te transformabas. Hasta no encontrar la palabra justa, exacta, única, no parabas. Cuando la encontrábamos (la encontrabas) festejábamos con un abrazo, a los gritos, como si hubiéramos hecho un golazo. Muchas veces te imploraba: “pará loco, un poco de piedad para un simple mortal”, porque para vos el tiempo no contaba. Jugabas en otra liga y sin embargo me hiciste sentir por un momento que éramos pares. Y no. Vos eras distinto pero nunca te la creíste. Con nosotros eras uno más, aunque estaba claro que nunca fuiste uno más. Como me dijo Josecholi la noche de mierda del 20 de junio: “Pa, mi tristeza es tan grande como el agradecimiento que siento porque hayas traído a Juan a nuestras vidas”.

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