• Juan Pablo Trombetta

Manuel Rico (1912-1987)


En el año 1957 Manuel Rico, quien tenía entonces 45 años, tentó a sus socios en su estudio contable, Antonio Vázquez y Jacobo Zelzman, para comprar lonjas de arena a unos diez kilómetros al sur del centro de Villa Gesell. Rico era un contador con su estudio instalado en el centro de la ciudad de Buenos Aires cuando, hacia el año 1950, buscó un profesional joven que lo acompañase en el trabajo que empezaba a crecer; fue así que un amigo, jefe de una dependencia equivalente a lo que hoy es la AFIP, le recomendó a un muchacho que trabajaba en la repartición: Antonio Jorge Vázquez. Rico se ocupaba fundamentalmente de la parte impositiva, de manera que un ladero que tuviera experiencia y capacidad en el tema le resultaba fundamental. Por su parte, Vázquez (1923-2008), de 27 años en aquel tiempo se había casado en 1949 y consultó con su mujer, Delia Kurleto, acerca del riesgo que implicaba dejar la seguridad de un sueldo fijo para tomar parte en un porcentaje de las eventuales ganancias en un estudio floreciente pero que estaría sujeto a los ancestrales vaivenes en el humor del país. Finalmente, de acuerdo con su mujer, Antonio Vázquez acepta y se incorpora al estudio.


Corren los años cincuenta y el trabajo del estudio crece y crece hasta el punto de no dar abasto entre los dos contadores; es así como Rico le pide a Antonio Vázquez que le recomiende algún colega para incorporarlo a la oficina; entonces Antonio piensa en un antiguo compañero de trabajo y propone a Jacobo Zelzman (murió en 2014, mientras preparábamos este trabajo). Muy poco tiempo después, en 1957, Rico trae la noticia de la posibilidad de comprar tierras en remate fiscal al sur de Villa Gesell. Se trataba, por supuesto, de un inmenso arenal. Ya en ese tiempo el estudio tenía clientes de gran envergadura y estaba considerado entre los principales de Buenos Aires. Rico les propuso a sus jóvenes socios sumarse en la empresa con una propuesta concreta: ellos permanecerían en Buenos Aires atendiendo el estudio contable y el marcharía al «desierto» para encargarse in situ de las tareas de forestación. Rico se contacta con Tomasini, Falbo, Astengo Morando y Papini, quienes habían adquirido en remate fiscal el paraje denominado Mar Azul, que se extendía desde el límite sur de los pagos de Carlos Idaho Gesell (actual rotonda de acceso a Mar de las Pampas desde la avenida 3) hasta la actual calle 45 de Mar Azul. Y antes de continuar con la operación de compra que habrían de realizar los integrantes de estudio contable Rico y asociados, una pequeña digresión a propósito del origen de aquellas tierras fiscales adquiridas por Tomasini y compañía; en los años cuarenta aproximadamente se efectúa una medición de campos en la costa marítima de la provincia de Buenos Aires y surge lo que se llama excedente fiscal: en lugar de los diez kilómetros que debían existir entre la vieja ruta 11 y el mar, se miden 11,7 kilómetros, de manera que había una franja remanente de 1,7 kilómetros que pasaría a engrosar el lote de tierras fiscales. En ese tiempo los dueños de los campos desde luego tenían prebendas y prioridades y les dieron a elegir: podían dejar libre la lonja de 1,7 kilómetros junto a la ruta 11 y extenderse hasta la misma costa o, a la inversa, contar los diez kilómetros a partir precisamente de la ruta y que entonces quedara libre una franja de 1,7 kilómetros pegada al mar.

En esos años, si bien Carlos Gesell ya era conocido como «El loco de los médanos», eran muy pocos los que se arriesgaban a emprender aventuras con tan pocas posibilidades de éxito y, sobre todo, a tan largo plazo, para no decir larguísimo; por otra parte, los dueños de los campos disponían de tierras mucho más aptas y productivas cuanto más alejadas del mar estuvieran y, a la inversa, muy poco atractiva les resultaba la idea de quedarse con casi dos kilómetros de desierto puro.

(Extraído del libro Mar de las Pampas, una historia)


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