• Juan Pablo Trombetta

Mujeres que escriben: Margaret Atwood Penélope teje la trama de La Odisea. Por Flavia Daniela Pitte

Margaret Atwood es una reconocida escritora canadiense que, cada vez que publica un libro, da que hablar. Cuando en 1969 apareció su novela La mujer comestible, una tragicomedia que relata cómo Marian, a medida que se acerca su matrimonio, comienza a ver cómo somos todos consumidores no solo de objetos materiales sino de ideas impuestas que no siempre digerimos, generó mucho ruido en los círculos literarios, académicos y de estudios sobre el feminismo. En esta novela, la protagonista comienza un camino de dudas existenciales a partir de ciertos logos publicitarios, la observación cautelosa de su novio –cuyas ideas sobre sexo, por ejemplo, están guiadas solamente por la revista Playboy–, la descarriada vida de una amiga que quiere ser madre soltera pero no sabe muy bien por qué, etc. De ahí el título de esta novela, que les recomiendo con énfasis, pues creo que hoy tiene más vigencia que nunca: comer o ser comido, esa es la cuestión.

Lamentablemente, no toda la obra de Atwood está traducida al castellano y nos quedan por conocer muchos de sus excelentes libros. Es una escritora muy versátil; ha escrito guiones y una de sus novelas más vendidas, El cuento de la criada, de 1985, fue llevada al cine. En esta novela distópica, Atwood presenta un mundo muy estricto, con clases sociales muy marcadas y donde ciertas mujeres son usadas como criadas por su fertilidad, que es una rareza.

Atwood va de la ciencia ficción a la recreación e intertextualidad con las grandes obras literarias, como por ejemplo un libro de cuentos en el que los clásicos infantiles son traídos a la sociedad canadiense presente y uno lee las historias y por detrás de los conflictos de un matrimonio podemos reconocer a la Cenicienta o Barba Azul. Si bien se advierte el reconocimiento de la ecología en sus textos, su última publicación tiene que ver con el proceso de escritura. Digamos que la autora tiene cierta autoridad para hablar del tema.

Atwood es, en general, muy divertida: sus obras te hacen reír, aunque dejan siempre detrás un resto amargo con el que hay que lidiar porque no escribe para entretener. Escribe para que al leerla podamos leernos a nosotros mismos y, sobre todo, leer cómo la historia y la literatura han determinado quiénes toman la palabra y quiénes deben callar. Por eso, y porque la mayor parte de su obra no ha sido traducida aún, quiero recomendarles uno de los libros de Atwood que encuentro de los más atractivos y que se encuentra en castellano: Penélope y las doce criadas.

Esta corta novela es el resultado de un proyecto llamado The Canongate Myth Series, una serie de libros escritos por encargo a diferentes autores, por el cual se pretende tener reescritos, para al año 2038, cien mitos griegos reinterpretados con una mirada desde el presente. Así es como Margaret Atwood nos cuenta la historia de Penélope desde el punto de vista de la que espera y teje y desteje en primera persona y el de las doce criadas que aportan su relato también. En los capítulos en los que es Penélope quien narra, con mucha gracia y sarcasmo, habla sobre su vida diaria, la crianza de su hijo, el acoso de los pretendientes, las dificultades de mantener –no siempre el honor y la fidelidad a su ausente esposo. Además conocemos a un Ulises para nada heroico, sino más bien machista e infiel.

Los capítulos intercalados, en los que las criadas van contando cómo es convivir con Penélope, funcionan a manera de un coro griego y plantean lo difícil que es criar a Telémaco quien, a medida que crece, se vuelve más y más irascible , lo problemática que es Penélope, lo espantoso que es ser esclavas, etc. Las pobres criadas hablan por primera vez y le echan en cara sus vidas y sus muertes a Penélope, que no puede sacárselas de encima. A diferencia de La Odisea, en esta versión las criadas son protagonistas. De esta manera, Atwood subvierte el mito en el que las criadas son colgadas; ni siquiera sabemos sus nombres ni por qué son asesinadas cuando retorna Ulises. ¿Será, tal vez, porque tenían muchos secretos guardados?

Penélope habla «desde la tumba»; según sus propias palabras, es un fantasma. Las criadas también. Es desde el otro mundo que nos cuentan esta historia y añoran volver a sus cuerpos. Y es precisamente esta atemporalidad de los muertos la que le permite a Atwood conectar el texto clásico con temas que tienen más que ver con nuestro mundo. Va llenando los agujeros de la historia con un discurso contemporáneo acerca del rol de la mujer, lo que se espera de ella. Esta es una Penélope al borde del desquicio o la indignación. Incluso hay un encuentro muy divertido entre el fantasma de Penélope y el de Helena de Troya, su rival en el amor de Ulises. Se encuentran ambos espectros y a Helena la siguen acosando los hombres, sin enterarse de que es un fantasma. Cuando regresa su marido, al que reconoce inmediatamente no como en el mito clásico, en el que extrañamente es una de las esclavas quien lo reconoce por una cicatriz en la pierna , regresan marido y mujer al hábito de contarse historias y anécdotas y Penélope nos dice que es inaudito que alguno de los dos le haya creído una palabra al otro alguna vez. Son dos mentirosos.

La autora le replica a La Odisea y especialmente a Homero al contar que tal vez, en todo ese tiempo que Ulises no estuvo en casa, la vida continuó su curso y que no hay forma de que él pueda saber qué pasó en realidad. Quizá por eso Penélope no se opone a la matanza de algunas de las esclavas, las que vienen a acosarla en este libro porque las dejó morir.

Hay un mundo por descubrir en esta escritora canadiense. Subyace por debajo de su obra siempre la subversión la otra versión , la que no nos contaron. Penélope teje y arma tramas sobre lo que no se dice, y cuando ella cuenta lo suyo, uno piensa: ¡pero claro! Su poesía es muy bella y profunda, sus novelas desopilantes y provocadoras. Entren en su mundo, quedarán atrapados en su telar.


Atwood, Margaret, Penélope y las doce criadas (trad. Gemma), Barcelona, Salamandra, 2005.


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