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Nanny Cogorno, ¡PAYASO!

La entrevista que voy a reproducir se la hice a Nanny, para El Chasqui, en el 2011. Allí decía que todavía iba y venía todos los años a España, pero que su recién nacida hija seguramente los hiciera arraigar acá. Y eso pasó. Nanny no sólo se quedó en forma permanente, sino que viene haciendo, para el 2017, un trabajo maravilloso en la Casa de la Cultura de Mar Azul, secundado por un grupo de gente igualmente maravilloso. Gracias a ellos por su siembra de arte y cultura día tras día. Y por su energía contagiosa.

Más allá de que Nanny viva en Mar Azul, es muy difícil no asociarlo con el Anfiteatro de Mar de las Pampas, sus orígenes y su actualidad; los que tenemos hijos que crecieron en este bosque, los hemos escuchado año tras año anunciar: me voy a ver a Nanny. Ya es parte del paisaje. Es uno más aunque él no pueda reconocer una a una esas caritas que desde hace diez años siguen sus espectáculos y agradecen al comprobar que en la cartelera del Anfi Nanny siempre está. Desde luego que las caritas ya no son tan caritas y aquellas niños son adolescentes, pero no por eso dejan de disfrutar con sus actuaciones.

Al final de la charla que mantuvimos con él y que se extendió por más de dos horas, nos aseguró con los ojos repletos de chispas que

la gente no sabe, no tiene ni la menor idea de lo que significan sus risas para mí.

Nanny tiene su pequeña cabaña en Mar Azul desde los años noventa, es decir que ya era vecino de este bosque antes de que esto explotara. Dejemos que nos cuente:

Me crié en una casa sencilla de lo que hoy es la paquetísima zona de Lomas de San Isidro, rodeada de casas cada vez más imponentes; en mi casa siempre hubo total libertad con una sola condición: hacé lo que quieras pero estudiá, querés ser vago, bueno, pero estudiá para vago; mis hermanos salieron todos profesionales, y yo salí esto, pero preparado. Arranqué en la Escuela Municipal de Arte Dramático, la formación actoral ayuda muchísimo en la formacion de un payaso, nos hacían leer un montón, analizar la obra, representarla; cuando empezás, la carrera de actuación te lleva a cosas inesperadas; a mí enseguida me atrapó el mundo del circo y las acrobacias, así dejé la Escuela y me puse a laburar en las plazas de Buenos Aires hasta que me uní a un grupo de titiriteros y me vine para Villa Gesell, allá por el ‘93, ‘94, aunque antes de llegar a Gesell estuve en Necochea, San Bernardo. En ese tiempo hacía tres funciones por día todos los días, tenía que diluviar para que suspendiéramos, eran tiempos en los que alcanzaba lo que juntabamos en la temporada para vivir todo el año.

Después nos contó que en una de esas temporadas llegó hasta Mar de las Pampas y Mar Azul y se enamoró:

a los dos días compré en cuotas muy bajas y comodísimas un terreno en el bosque de Mar Azul y a la semana empecé a construir la cabañita de quebracho con el gordo Angaramo; ya llevaba tres o cuatro años en Mar Azul cuando vi que arrancaban con el anfiteatro en Mar de las Pampas. Antes de eso, hace por lo menos quince años, empece a viajar a España todos los inviernos de acá. De entrada caí en Barcelona, en festivales de circo; los primeros cinco años los hice a la gorra, después enganché el circuito europeo vendiendo mis espectáculos a los Ayuntamientos de distintos pueblos en Italia, España y también otros países. De alguna manera es una doble vida, todo el equipamiento que tengo acá lo tengo allá, sólo traslado el vestuario.

Nanny nos cuenta que hace siete años conoció en Canadá a Jennifer, su mujer, con quien también se presenta en el Anfiteatro.

Así que además de los viajes a España cada tres años vamos a Canadá, aunque la vida nómada empieza a cansar un poco y seguramente Syra nos terminará arraigando.

Syra es la hija de Nanny y Jennifer, nacida en febrero de 2007 en Mar Azul, en la casa, en un parto natural, convirtiéndose en el primer bebé nacido en nuestro bosque. En la charla Nanny cuenta que en cuanto empezó las presentaciones en Mar de las Pampas dejó de actuar en Villa Gesell; al principio actuábamos para 25, 30 personas, y despacito se fueron sumando mas artistas a la grilla, y en eso quiero reconocer el laburo de Leo (Leandro Rescia), que es fundamental.

Nanny tiene muchas anécdotas para contar, desde la última, el día anterior a la charla, en que se le quedó un diábolo enredado en los pinos y él advirtió no desesperen, lo bajamos con este otro, cosa que por supuesto terminó no con uno sino con los dos diábolos colgados del arbol, tuve que venir esta mañana a las ocho, porque cada uno de esos bichos cuesta unos 400 pesos; me tuve que conseguir una escalera y trepar con un cagazo bárbaro preguntándome quá carajo hacía ahí arriba.

Acá recordó sus estudios en la Escuela de Circo de San Pablo, en Brasil, cuando armaba las redes de contención y tomó conciencia de lo que hacían los trapecistas. También nos cuenta que aprendió a solo usar el diábolo y muchos otros artefactos, que la irrupción de internet ayuda muchísimo en su actividad para aprender a través de los videos, que participó en programas de Tato Bores y Jorge Guinzburg, que hacía las escenas de doble de riesgo aunque más bien eran extras, que sus hermanos le decían “vos vivís de vacaciones”, que los artistas callejeros le hacen bien a la gente, son más necesarios que nunca y muchísimas cosas más que hablamos entre cerveza y maníes. Termino con las palabras de Leandro Rescia a propósito de los inicios del Anfi: ese mismo año vino un payaso y nos dejó su material... realmente lo dudamos, su aspecto era un poco extraño. A simple vista se notaba que no era una persona normal. De todos modos al año siguiente tuvo su espacio. Y cuando lo vimos actuar, nos dimos cuenta de que no nos equivocamos... realmente no era una persona normal. Era Nanny Cogorno. Lo que nunca nos imaginamos es que estábamos frente a uno de los más grandes artistas calejeros y una excelente persona.


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