• Juan Pablo Trombetta

Pájaros por María Cabanne

No canta el pájaro para que lo escuchemos.

¡Qué bonito que cante porque sí!

María Cabanne



Un colibrí golpeó en la ventana. Salimos para saludarlo y volaba contento entre las ramas del Pino Grande. Después se alejó un poco y nos dijo. Pipipi, pi. Que en su idioma quiere decir vengan conmigo. Así que lo seguimos. Piripi. Más rápido, nos gritaba. Pero en la arena suelta y con las ojotas no podíamos correr. Nosotros no podemos volar. Cuando llegamos a Pangaré y Cruz del Sur se acercaron unos benteveos. Bicho feo, bicho feo cantaron amablemente para saludarnos. Picotearon las migas de unos scones que les dimos y dejaron de gritar.

Aparecieron unas cotorras verdes y chillonas. Eran muchas. Se adelantaban y regresaban a nuestro paso. El colibrí insistía Piripi. Piripi. Los benteveos saludaban otra vez, bicho feo, bicho feo. Y las cotorras crrrrr, crrrrr. Entonces llegaron unas tijeretas que se hamacaban en las cortaderas. Las torcazas u-uú u-uú qué divertido, repetían.

Trepamos el médano . El mar azul plateado apenas se movía. Una luna anaranjada y gigante crecía en el horizonte. Nos quedamos pasmados, quietos, felices y muy tristes. Teníamos piel de gallina. La respiración entrecortada. Nos empezamos a reír de nerviosos y rodamos médano abajo. Y tocamos el mar. El agua helada, la luna redonda y silenciosa. Los pájaros en las acacias. Pipipi-pi, bicho feo, bicho feo, piripi, crr,crr, fuiiifuiii-í, u-uuú, u-uuuú.


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