• Juan Pablo Trombetta

¿Quiénes son o quiénes somos los responsables?POR OSCAR RESCIA

La sociedad siempre necesitó encontrar una respuesta a cada conflicto que se generara. Y si esa explicación no era suficiente, la respuesta la daría la fe, y si no satisfacía la explicación, entonces lo harían las ciencias ocultas. Pero una respuesta debía tener. Todo debe tener una respuesta. También la sociedad necesita tener un responsable para cada error que supimos cometer. Y ante ello exigir que la justicia actúe con ecuanimidad y presteza. Lo que es seguro es que siempre necesitamos sí o sí un culpable. Ahora me pregunto si no es momento de pensar que ciertas situaciones se explican por más de un responsable.


Algunos medios priorizaron la idea que el asesinato de Fernando fue en Gesell. Pues sí, físicamente sucedió por estas latitudes. Pero son muchos los sitios de violencia, y no me refiero solo a la de los boliches. Está la violencia instalada en algunos hogares, en algún aula, en algún club, en el trabajo, en la calle, en los diarios, en los noticieros, y acaso en la sociedad toda.


Un periodista amigo, y con muy buen criterio me decía: si la responsabilidad la diluís mucho y la hacés muy abarcativa, no habrá responsables ni habrá justicia. Es cierto. La sociedad necesita ponerle nombre a este crimen. Mejor aun, diez nombres. Pero necesita que la ubiquemos lejos de nosotros mismos, en los violentos rugbiers por ejemplo. En el protocolo de Le Brique. En la policía que estaba atendiendo otra urgencia. O en los que debían controlar y no lo hicieron. Pero bien lejos. Que no nos ensucie a nosotros.


¿Por qué mataron a este Fernando? Y digo a este y a todos los Fernandos y Fernandas anteriores. Por ejemplo un femicidio cada 26 hs. También los 79 travesticidios en el 2018. Y si no los 18 ajustes de cuentas en Rosario en los primeros 17 dias de enero. O los 18 a 22 muertos viales que diariamente computan nuestras crónicas. Estamos en una sociedad violenta pero en el caso de Gesell además tenía una carga de clase, esa de negrito de mierda, de una familia de laburantes y además paraguayos. También está la responsabilidad de un boliche al que se le conocían transgresiones sobre venta de bebidas, o de horarios de ingresos no respetados, o de permitir menores de edad, o más ingresos que los habilitados. Que no las podemos documentar porque los responsables de controlar no actuaban. Se suma el compromiso de una policía que en el momento de contener la agresión estaba en otro conflicto. Y recién 48 hs después de sucedido el homicidio se decreta el duelo. Luego se dan cuenta que estos boliches no cumplen con las ordenanzas. Y cuando reabren notan transgresiones. Y los clausuran. Recién ahora. Siempre llegan tarde.


¿Y que pasa con todes esos adolescentes, que noche tras noche se deben maquillar simulando pertenecer a un mundo que los excluye y los agrede permanentemente? Y se desesperan por pertenecer a un mundo que los usa para consumir. Jóvenes que no se ofenden cuando alguien es separado en el ingreso y excluido por no reunir las condiciones estéticas requeridas. Son maltratados y no se ofenden. Prefieren pleitear entre ellos mismos que renunciar a pertenecer a un mundo que los trata de Negritos (de mierda).


Al amanecer es lastimosa la imagen de niñas que deambulan por la 3 en comprimidas polleritas elastizadas que dibujan formitas aun infantiles, mal andando sobre desmesuradas plataformas que desdibujan su andar.


¿No estaremos descuidando charlar con nuestros hijos? ¿No habremos abusado de los jueguitos de guerra para llenar espacios vacíos? ¿No estaremos consumiendo de más para pertenecer a un mundo que la publicidad nos vende a diario? ¿Posiblemente nos faltó decisión al tener que decir un no rotundo a ciertos pedidos de nuestros hijos? ¿O le habremos permitido en exceso la tablet cuando llegábamos cansados y maltratados del trabajo? Puede que le hayamos dado su primer celular en lugar de ponernos a contar un cuento.


¿Acaso algunos de nuestros hijes, cuando toman de más, adquieren conductas de jauría? Creo que esa conducta de jauría está presente y el alcohol solo posibilita liberar esas formas violentas.


Y por qué ante la discriminación en los ingresos estos hijos no se rebelan y se siguen desviviendo por pertenecer a ese mundo que los discrimina.


Presumo que en este crimen, no solo hay responsables primarios. También hay responsables de segundo orden. Pero de algo tenemos que estar seguros y es que en mayor o en menor medida todos tendremos que analizar qué tipo de compromiso tenemos en esta generación violenta.


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