• Juan Pablo Trombetta

Siempre volvemos a los Beatle. Por Adriana Franco

Hace casi 51 años los Beatles anunciaban su separación y dejaban un extraño testamento: «Let It Be», un disco grabado más de un año atrás, antes de «Abbey Road», y una película documental que registraba las jornadas en el estudio y dejaba en claro que no había un futuro posible. Mala onda, silencios, miradas esquivas y hasta George renunciando de un portazo confirmaban que el sueño había terminado.

Pero justo al final del 2020 otras imágenes que no son nuevas pero que nunca habíamos visto vienen a cuestionarlo todo. Que, talvez, la historia que nos contaron no es la verdadera historia. La locación es la misma, el estudio Twickenham, y es también enero de 1969. Pero aquílos Beatles ríen y parecen felices, bromeando, disfrutando y haciendo canciones. John Lennon y Paul McCartney cantan sin separar los dientes, intentando contener la risa mientras siguen la melodía de «Two of Us». Bailan, juegan, hacen morisquetas, cambian instrumentos y todos ríen, vestidos de colores, mientras suena de fondo «Get Back». A un costado Yoko Ono y Linda Eastman charlan y sonríen. Risas y más risas.

No hay que ser demasiado fan de los Beatles para emocionarse con esto que es apenas un adelanto de «Get Back», la película que se estrenará en agosto. Fue su director, Peter Jackson, quien subió esas imágenes a las redes a mediados de diciembre. «No es un tráiler, es simplemente un montaje», aclara desde el estudio de Nueva Zelanda donde trabajó con las 56 horas de grabación originales. Dicen que dudó antes de aceptar el desafío de rever ese material registrado originalmente para televisión, temeroso como buen fan de los Beatles de revivir la lastimosa crónica del fin. Sin embargo la curiosidad fue más fuerte y aceptó. Lo que encontró fue otra cosa, definitivamente otra cosa. Las cintas le mostraron a la banda reunida, buscando reconectar, intentando volver a encender esa chispa que en pocos años se había convertido en una gran fogata que iluminaba el mundo entero.

Imagino a Peter Jackson, -que, no olvidemos fue el director de las tres películas de El Señor de los Anillos y las tres de El hobbit-, intuyendo en un instante revelador y epifánico que «Let It Be» había sido otro plan de Sauron para que la oscuridad se apoderara nuevamente de la tierra. Que esos hippies tenían que aprender de una buena vez, que había que acabar con eso del amor y los campos de frutillas, que ya basta de gurúes y de ese llamado a la paz de John y Yoko desde la cama de un hotel de Amsterdam, que en el planeta Tierra no corre eso de que la música derrota a los Blue Meanies, como en Pepperland. Imagino a Jackson comprendiendo de golpe que los cuatro muchachos de Liverpool eran una nueva encarnación de La Comunidad del anillo, y que como aquellos cuatro hobbits del libro de Tolkien, ninguno estaba preparado de antemano para esa misión, pero tampoco habían podido rechazar el llamado de poner en el mundo canciones que hablaran de viajes de la mente a través del universo, de encender la luz interior, de que ya viene el sol y en especial eso de que todo lo que necesitamos es amor.

Quizás es demasiado tirado de los pelos ver allí teorías conspirativas, pensar que este medio siglo hubiera sido diferente sin ese amargo final, o leerlo como una reedición de la lucha entre el Bien y el Mal, encarnado en este caso por Allen Klein, su ambicioso nuevo manager. Quizás simplemente la película de 2021 y la de 1970 son las dos caras de una misma moneda. Un Yin-Yang de luces y sombras. En ese caso, Get Back parece estar del lado de la luz. Y si no lo es tango cuando la veamos finalmente en agosto, que por lo menos nos recuerde el orden original, y que quede claro que «Let It Be» no fue el último disco grabado por los Beatles, y que la canción que cierra Abbey Road, el verdadero álbum del final es «The End» y que, claro, vuelve con el mismo mensaje, aquel de que en el final el amor que recibís es igual al amor que das. Pura ley del equilibrio universal.


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