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Sufrir en un mundial. Por Nacho López

Me ato los cordones en la garganta, sufro por vos, me retuerzo los dedos, me arranco varios pelos aún sabiendo que algunos ya huyeron de mi cabeza. Desestimo cábalas, pero me traiciono a mí mismo y las implemento. Deseo verlo solo para evitar esos comentarios que me sacan y al mismo tiempo quiero verlo acompañado para abrazarme como el sábado cuando Leo y Enzito nos devolvieron el alma. Aguante todo en el Mundial de la esperanza. Que no canten esos amargos que balbucean que es para tapar la inflación y ese discurso de la saraza. La pasión no les cabe a los que destilan barbarie. Yo acaricio la pelota, me pongo la camiseta apretada, aquella que no pasa de moda porque es la que usó el Diego en la época de gloria. Que suene la música que nos enarbola, amo las lágrimas de Aimar y las de Scaloni, al que le cuelgo la bandera de “perdón Lio”, porque fui de los escépticos, y aunque mañana no se dé, me demostró que hay con qué creer. Qué te voy a decir a vos queridísimo Lionel, si todo esto tuviera lógica y merecimiento, nadie en todo el mundo… bueno eso que ya sabés. Pero por algo es tan hermoso el fulbo, porque es posible perder contra Arabia Saudita y a los tres días volver a soñar. Y que me vengan a contradecir que en mi diccionario “soñar”, más tarde o más temprano, no es un sinónimo de “ganar”.


@nacholopezescribe


Siento algo. Las lágrimas inclinadas que se deslizan desde arriba no me mojan, me atraviesan. Ahí vi otro relámpago, selfie del Diego, ¿lo vieron ustedes también? Muy nítido posó con la 10 en la frente, en el alma y en la espalda. Cada uno en su cielo, compartiendo el reino por los siglos de los siglos en todos los tiempos. Hoy se levantó con ganas de hacerle hacer el gol de su vida a un tal Nahuel Molina. Tic, tac, cuatros o cinco naranjitas mecánicas a los que se les cayó el sistema, golazo y a cobrar. Y a pedirla, a mostrarla, a frotarla. Relojeando hacia arriba cada tanto, murmurándose en silencio entre ellos cuál sería el paso siguiente. Penaaaaaaaaaaaaaaaaal! Tomó en sus manos el balón, esbozó la sonrisa que sale de su corazón, se puso “muy nervioso”, y así, dejó paradito al obelisco holandés, con su reina al revés para batir otro récord en el Mundial que es o es. Y como el fútbol es lo más fascinante que existe sobra la faz de esta y de todas las tierras, de la alegría máxima pasamos a la puteada extrema en el altar del sufrimiento. Con un referí al viejo estilo, merecedor del nunca caduco grito de “pelado botón”, con ansias de ser protagonista en el césped más verde de un insólito lugar llamado Qatar. Y ni así. Porque los huevos de De Paul, la categoría del Enzito, la presión asfixiante de la joya de Julián, la presencia inquietante de Otamendi, que te atiende gratis como en un hospital público antes de dejarte pasar así nomás. Alargue, suspenso, drama y final. Y entonces nada, “que mirá como te como holandés” se entiende en todos los idiomas. Y lo podés repetir una vez más y se hace historia, se agranda y se agranda. Insisto, siento algo. Que hoy al mediodía estuvieron dando en la tele esas novelas brasileñas en las que parece que el galán se queda con la más bella, pero justo hoy el guionista cambió el desenlace. Y lo ví a Tité, bailando no tan contento como el otro día cuando sobraban a los coreanos. Y decime qué se siente, decímelo una vez más! Porque estoy sintiendo algo, desde acá a kilómetros de Qatar. Que estos pibes, que estos jugadores, que Lionel el DT, que Aimar, que Ayala y que Samuel. Y que el 10, el que vive en la tierra donde manda la zurda, estuvo todo el día conectado con el 10 que vive en esta lluvia. Y lloremos carajo, gritemos, cantemos, celebremos. Porque si con un Dios argentino teníamos ventaja y afano, imagínense con dos.


@nacholopezescribe

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