• Juan Pablo Trombetta

TOMEMOS UN CAFÉ... Por Oscar Rescia

Actualizado: 20 dic 2019

Muchas veces, caminando por el bosque, o cuando uno hace un poco de introspección, siento que Mar de las Pampas nos pertenece. Que nosotros la inventamos. Y digo que la inventamos, conciente que es un sentimiento soberbio y presuntuoso. Que fuimos esos primeros vecinos, que una noche en una reunión, resolvimos después de discutir un poco, que el sol, la arena, el mar y el bosque formarían parte de ese logo que habíamos elegido para representarnos. Recuerdo que dijimos: "bueno, si están de acuerdo, vos y vos les dan de comer, ustedes los alojan y ellos los agasajan y salen a recorrer con los periodistas que vayan llegando. Sí. A los periodistas que vayan llegando invitados por nosotres para que conozcan qué es Mar de las Pampas. Para mostrarles cómo este maravilloso bosque se junta con el mar. Bosque que no es muy común en nuestra costa Atlántica. Que aun era virgen y frágil. No éramos más de diez familias que participábamos de esta movida, de las cuales la mayoría íbamos y veníamos los fines de semana. Muchos meses después, estos periodistas nos agradecían ese fin de semana, con notas en diferentes medios y revistas, comentando los encantos de esta zona. Fue en poco tiempo que Mar de las Pampas eclosionó intempestivamente. La democracia estaba dando sus primeros pasos. Madariaga había aceptado que sus hijos tenían ganado el derecho a probar y hacer su propia vida. Con esa mezcla de dolor, orgullo y alegría. La Patria también, después de una etapa maldita y nefasta, había decidido, que nunca más, ni guerras ni violencia.

Poco tiempo después, Ernesto (Engels) y Julio (Magaña, de ex Navarrisco) hacen una invitación para ver si como comerciantes nos organizábamos para impulsar el turismo en la zona. A partir a ese momento, luego de dos intentos anteriores fracasados, dimos nacimiento a la Sofo. Como era de prever, el alemán (Engels) y Julio se dispararon espantados.

Se fueron multiplicando los proyectos, los alojamientos, el primer centro comercial, los locales gastronómicos. Y un periódico, y una farmacia. Todos pensamos: "¿pero esto da para una farmacia"? Luego un consultorio médico, los bomberos, la salita, un destacamento policial, y últimamente hasta una escuela. De ahí en más ya se nos escapó. Siguieron llegando amigos. Amigos de otros amigos, que contagiados por nuestro entusiasmo decidieron probar. Llegaron hijos y hasta llegaron nietos. Y también hubo partidas. A algunos hijos este proyecto no les podía dar todo lo que buscaban. Y comenzaron a viajar. Otros vecinos se nos fueron yendo y sin tiempo para darles un último abrazo. También tuvimos otras pérdidas, de esas que como padres nunca podremos entender. En otros casos algunas familias reestructuraron sus afectos, y de ahí en más la comunidad se fue complejizando a punto tal que hasta hay vecinos que si no los vemos en la puerta de su casa no los identificamos.

Hubo un momento en que pensaba que mi situación, era una situación especial. Diferente a las de otros vecinos. Pero hubo un día en que me detuve, y miré con más detenimiento, casi como viviendo con pausa, y me di cuenta que detrás de la mayoría de esta comunidad había en muchos de ellos una historia, un camino recorrido, generalmente muy rico. Muy cargado de experiencias intensas. Y vimos que a casi todos en algún momento la realidad que estábamos viviendo en otras ciudades no nos alcanzaba. Que queríamos un cambio. Que no queríamos llegar a cierta etapa de la vida haciendo las cosas como la estábamos haciendo. O tal vez algún desacuerdo de pareja. O algún traspié comercial. Lo cierto es que vinimos con cierta incertidumbre a probar. A más de uno, algún amigo nos debe haber invitado a tomar un café y que reflexionáramos... "¿estás seguro de que te querés ir a vivir a Mar de las Pampas?. ¿Y en invierno qué vas a hacer?"

Van pasando los años y uno ve que Mar de las Pampas y las localidades del Sur ya son grandes. Son mayores de edad. Y como todo hijo mayor, entre afectos y rezongos, miramos con reconocimiento y gratitud a nuestra ciudad materna. Y a veces, como pasa con muchos hijos, pensamos que nuestros padres quieren más a otros hermanos que a nosotros, sin entender que algún hermano nuestro puede estar pasando por una necesidad que no siempre comprendemos.

En algún momento será necesario sentarnos a tomar un café con las autoridades. Con los concejales, o con el jefe de gabinete, o con el señor intendente. A generar ese espacio de intercambio que tanto necesitamos. Sé que alguno dirá "que sí, que consultamos a los vecinos del Sur". Pero no es ese el modo orgánico de trabajo que planteamos. Debemos tener periodicidad. Tener temarios y lugar de reunión. Debemos participar en el diseño de políticas.

Que así sea.


EMANUEL LASKER (1868-1941) POR JUAN PABLO HOBAICA


Campeón mundial por 27 años, 1894/1921, el más largo de la historia del ajedrez.

Nació el 24 de diciembre de 1868 en Berlinchen Alemania (Actualmente Berlinek Polonia).

En su formación profesional se lo distingue como Ajedrecista , Matemático y Filósofo.

Como ajedrecista no solo fue campeón sino que fue considerado por sus colegas como rey indiscutido, llegando a decir expertos de la época que no tenía puntos débiles.

No poseía un estilo definido, simplemente jugaba igual de bien a la defensiva como atacando, calculaba jugadas con exactitud en un medio juego complicado, o podía elaborar un profundo plan de juego y ganar técnicamente un final.

Incorporó al juego el aspecto psicológico, muchas veces provocaba a sus rivales jugando aperturas que les cedieran más espacios, con el fin de que lo atacaran; confiaba en poder refutar el mínimo error, generar desestabilidad emocional y finalmente vencer.

Jugó con notable éxito entre los mejores del mundo hasta los 68 años.

De Lasker se seguirá aprendiendo, sus partidas siempre serán estudiadas por los ajedrecistas. Escribió una serie de libros dedicados a la enseñanza, el más renombrado es El sentido común en Ajedrez.

Algunas de sus frases célebres: “En el tablero la mentira y la hipocresía no sobreviven. La combinación creativa desnuda la presunción de la mentira, y el hecho implacable que culmina con el mate desenmascara al hipócrita”. “En el tablero de ajedrez luchan personas y no figuras”

En otros juegos de estrategia se destacó al Go y principalmente al Bridge.

Su último libro escrito en la rama de la filosofía es “La comunidad del futuro”, 1940.

En 1938 se trasladó a los Estados Unidos donde era visitado principalmente por ajedrecistas que encontraban en él una gran fuente de sabiduría.

Lasker y A. Einstein, se conocieron en Alemania y mantuvieron una amistad que más tarde Einstein recordaría en una biografía póstuma de Lasker: “Emanuel Lasker es sin duda una de las personas más interesantes que he conocido en los últimos años… llegué a conocerlo bien gracias a muchos paseos donde intercambiábamos opiniones de los temas más variados, un intercambio bastante unilateral dónde recibí más de lo que di”.

Otros campeones mundiales postreros a Lasker opinaron:

Alekine : “Lasker fue mi maestro, no hubiese llegado tan lejos sin él. La idea del ajedrez concebido como arte es impensable sin Lasker.”

Botvinnik: “Lasker jugó un papel importante en el reconocimiento social del ajedrez, es decir, en su utilidad, pues, por ejemplo, decía que jugar al ajedrez constituía una buena preparación para la lucha por la vida”.

Thal : “El más grande de los campeones fue, por supuesto, Emanuel Lasker, ¡porque en el tablero conseguía realizar lo imposible! Era un asombroso táctico, que ganaba partidas aparentemente desesperadas”

El 11 de enero de 1941 en Nueva York, a los 72 años Lasker fue a descansar, dejándonos un gran aporte artístico y cultural.

Como jugador de ajedrez tuve la dicha de haberme enfrentado a grandes maestros, como A. Karpov y L. Aronian, Oscar Panno... y ver jugar y analizar de cerca a otros como G. Kasparov, V. Anand, M. Carlsen.

Así y todo, como me hubiese gustado conocer a los maestros del pasado, por suerte disponemos de sus partidas, que se han convertido en clásicos, reproducirlas resulta imprescindible a los ajedrecistas.

Mientras estudiaba la biografía de Lasker y entreveraba el trabajo de abrir la cafetería, se me fue ocurriendo hacer algo más que un simple café, recordando el famoso café de la regense en París, ubicado en la planta baja del hotel, donde se jugaron los principales torneos del siglo XIX. Literalmente atraído por este notable genio, fui unificando mis inclinaciones y empecé por consultar con mis allegados sobre el nombre Café El viejo Lasker. Para mi sorpresa fue bien recibido, aunque al ver que estamos muy próximos a la temporada de verano y que debería hacer nueva cartelería, pensé en dejarlo para otra oportunidad. Pero hubo otro empuje, el editor de “El Chasqui”, mi amigo Juampa, vino de visita (a “Juampa” no sólo le gusta el ajedrez, también hace su aporte dando clases), y mientras tomábamos unos mates le propuse:

—Miremos una partida de Lasker, ¡fue un genio! ... estuve a punto de cambiarle el nombre a la cafetería por Café “El viejo Lasker”... ¿qué opinás, te gusta?— Juampa no dudó un instante y me dijo: —No sólo me gusta, ¡me encanta!

Así fue que concluimos en hacer honor a su nombre, no sólo pensando en poder ofrecer una cálida atención sino también ofreciendo una ambientación con dos mesas profesionales de ajedrez, y así combinar lo gastronómico con lo cultural.

¡Ojalá lo disfruten tanto como nosotros!



(*Juan Pablo Hobaica lleva adelante desde hace muchos años la Hostería Álamos, en Mar Azul. Es Maestro Internacional de ajedrez y entusiasta difusor del juego, con una natural capacidad de contagio. Y sobre todo es alguien que transmite conceptos y no dogmas o fórmulas matemáticas.)


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