• Juan Pablo Trombetta

Tu risa. Por Dolores Solá

Hace una semana me llamó Merce como tantas veces al día, pero esta vez lloraba. Tranquila, pensé en mamá (99). Dijo Juan, se murió Juan, y empecé a los gritos, me avergüenza mi reacción, no soy así, pero como una loca comencé a repetir: ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? sabiendo que no había respuesta. Desde ese momento estás conmigo, te reís de todo lo que pienso o hago, sé que lo haces con varios y es mucho trabajo, pero no quiero que me dejes. Soy egoísta, pero te quiero así, al lado de mi vida. Todo te lo quiero contar, lo que me entusiasma para que me entusiasme más, y lo que me preocupa para darme cuenta de que es una huevada. Trato de darme cuenta a quien extrañaré así si dejara de estar, para ir a abrazarlo y a conversar, y que por lo menos eso me haya dejado tu muerte. Pero tu risa no está y no sé a quién contarle lo que te estoy contando. Eras un niño Juan, sos un niño por eso te extrañamos así, por eso este desgarro sin consuelo. Sí, ya sé, a la gente le pasan cosas mucho peores, pero estamos grandes para perderte, estamos grandes para que nos arranquen la niñez que todavía nos iluminaba. Solo nos queda buscarnos entre nosotros, con varios por primera vez, sos nuestra historia juntos y pesa como una vivida en común desde la infancia. Queda Tato, libre, caminando por la playa, visitando cada casa donde es esperado y recibido con júbilo, donde come y festeja a la altura del encuentro; ahí puedo imaginarte Juan, en Tato, ahí quiero imaginarte y sé que ahí querés estar.

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