• Juan Pablo Trombetta

Un lugar de encuentros y reencuentros por Juan Pablo Trombetta

Era el año 2005 y algunos vecinos soñábamos que aquel pueblo incipiente tuviera su club. Así que nos juntamos una docena de nosotros y alquilamos lo que había sido la primera oficina del estudio de arquitectura de Ravier-Lado, en Las Toninas y Repetto (hoy un complejo de cabañas). Y allí, entre bicicleteadas, trucos, cine, clases de yoga, almuerzos de domingo y metegol, germinó la idea del Primer Encuentro de las Artes de Mar de las Pampas, Mar Azul y Las Gaviotas.

El autor «intelectual» fue el querido Horacio Taranco, y entonces hubo muestra plástica, charlas, talleres, libro de cuentos de autores locales (Nuestros Inviernos, en respuesta a la inevitable pregunta de los turistas: «Y ustedes... ¿qué hacen en el invierno?») presentación de Alejandro Apo con su espectáculo Y el fútbol contó un cuento y, como cierre, la presentación del coro bizarro Extraños en el Bosque, dirigido por Pedro Lanteri y conformado por vecinos de Mar Azul y Mar de las Pampas que con toda aplicación ensayaron durante meses, varias veces por semana, para cerrar aquella semana inolvidable (entre el 24 de septiembre y el 2 de octubre de 2005, según reza la tapa de la revista que conservo como recuerdo de aquellas jornadas, y en las que figuraba el programa de actividades).

En aquel cierre hubo más de cien vecinos que reventaban la capacidad del lugar, en el que se despertó un nivel de emoción cuyo clímax, al menos para mí, se produjo cuando el Tano Pittella —para los que no lo saben, factotum junto con Anna Bianco de Amorinda, que acaba de cumplir veinte años), con los ojos llenos de lágrimas, nos vino a agradecer a los miembros del club, fogoneros y ejecutores de la maravillosa idea de Horacio.

Imposible e innecesario ahora hacer nombres, pues fue una legión la que participó y colaboró como pudo para que aquello se concretara. Pero sí quiero recordar un hecho que provocó no pocas angustias cuando se acercaba la fecha: todos estaba en marcha y no encontrábamos un lugar lo suficientemente amplio para el día de la presentación del libro y, sobre todo, para el cierre con el coro bizarro, que ya dejaba entrever una presencia masiva y record para aquellos primeros tiempos. Entonces Horacio habló con Jorge Noya, que estaba por inaugurar su paseo Cuesta del Bosque (en Miguel Cané a metros de El Ceibo) y disponía, en la planta alta, de un amplísimo salón con fines gastronómicos pero que todavía estaba vacío. Y lo cedió. Puso a disposición de aquel Primer Encuentro de las Artes las instalaciones de lo que más tarde sería el restaurant San Benito y con el paso de los años el Bodegón El Destino. ¿Y por qué los menciono en particular? Porque aquel salón vacío que hizo de sede para la presentación del libro de autores locales y también para el cierre con el coro bizarro, tendría un significado muy especial para nuestra familia, que desde hace casi veinte años edita este periódico. Y es que a seis años de aquellas jornadas del 2005, Gloria (Frías, editora y diagramadora de El Chasqui desde su fundación en octubre del 2000) festejó allí sus cincuenta de vida (tiempos de San Benito y Juan Prina) y en el 2015, entonces ya con el Bodegón y Darío Lumaldo, festejamos allí los quince años de El Chasqui. Y fue también una multitudinaria reunión de vecinos emocionados, de encuentros, reencuentros y abrazos.

En síntesis, se trata de un lugar con una energía potente, que alcanza a tantos y tantos de los que hace mucho tiempo elegimos este bosque para vivir, para cambiar una forma de vida en la mayor parte de los casos caótica, frenética, por un ritmo diferente.

Y por una u otra causa en los últimos tiempos ese lugar tan sensible estaba vacío. Deshabitado. Triste. Hasta que un par de meses atrás se juntaron dos con mucha historia en nuetra zona: uno es Tony Postorivo; a Tony lo conocen hasta las piedras y no necesita demasiada presentación. Habitante de Mar Azul con su familia desde 1998, cuando edificó (con sus manos y la ayuda de las de su viejo, el inolvidable Franco) el complejo de cabañas El Chaparral. Años después revivió el mítico Mr. Gone, con música y amigos hasta el amanecer. Fue Tony uno de los motores (en el más exacto sentido de la palabra) de aquel Encuentro de las Artes. Nuestras familias han sido y son familia en estos veintipico de años. En los momentos de festejo y en los otros.

El segundo integrante de esta dupla es Adrián Urbán. Todavía recuerdo el día de 1999 en que vimos con Gloria, desde la ventana de nuestra casa de la calle Ombú, cómo una Ford celeste trepaba por Cruz del Sur hacia el fondo del cul-de-sac Roberto Payró. De ella bajaron Adrián y Valeria, el bebé Dante y el negro e inmenso perro Gastón. Alquilaban la única casa que había al final de Payró. Meses después, creo que en octubre, abrieron Las Calas (Querandíes entre El Lucero y El Ceibo) el primer restaurant gourmet de Mar de las Pampas. Y al año siguiente, octubre de 2000, Adrián presidía la refundada Sociedad de Fomento vigente hasta hoy. También con Adrián compartimos muchas cosas, no solo la pasión por el fútbol y aquella primera comisión de la Sofo sino familia, amigos y algún insólito viaje, en medio de un duluvio con limpia-parabrisas a tracción humana...

Así que ahora ellos se unen y gestan La Social Cervecera, allí donde cantó el coro que hizo reír y llorar al mismo tiempo, allí donde se cruzan las historias de Mar Azul y de Mar de las Pampas, que son diversas y sin embargo es una una sola. Ahí están el living, el patio, la galería, el nombre que se le quiera poner a todo lo que nos lleva a lo familiar, a las pizzas de Tony, a la cerveza o el café compartidos, al encuentro, que fue ese el nombre que el entrañable Horacio propuso en 2005: Encuentro de las Artes. E invocaba a las tres localidades.

De modo que nada más trillado y nada más cierto se me ocurre para cerrar estos recuerdos: Tony y Adrián tal vez no lo sepan, pero están reviviendo un lugar de encuentros y reencuentros.

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