• Juan Pablo Trombetta

Un pie en el agua el otro en la arena. Por Julia Zlotnik

No os preocupéis.

Estoy oscilando entre el tsunami onírico en mi almohada, al sonido de la muerte.

Cara a seca el fermento y el cereal, encontrados en un estanque de birra.

Apoyado en el estante de la biblioteca oscura, un sombrero negro. Una trenza del mismo color lo abraza. Una lavanda de profundo gris violáceo, hace lo mismo.

Se forma la unidad.


El plato roto por él, en su última comida, me acompaña sentado sobre el asiento del tren. Dentro de mi bolsa de tela blanca.


Mientras martillábamos un presunto marco de madera, la ambulancia sonó.

Las ruedas sobre la arena. Las piernas debilitadas por la música, el corazón sin ritmo. Los ojos abiertos en silencio. El bosque aturdido.

Adentro el hogar prendido, chispeante. La espera impaciente.


La promesa de fuego y el cajón abierto.

Dentro, unos rulos vivos, salvajes, rulos atrevidos.

El padre aparentemente solitario que es madre de la juventud en secreto.

Una hija dice que es una mariposa frente al mar.

Las mariposas nadan en el viento suscitando a los parpados inquietos.


El cajón está acomodado con la lógica del feng shui, por supuesto.

La gente en la ceremonia. Una recopilación de clichés… graciosa.

(Salvo por el tipo divino de las fotos, que nada tiene que ver con un cliché)


Es mucho.


Libros y billetes. Hojas de árbol listas para quemar. Tul y flores. Encaje blanco de virgen. Anteojos rotos. Una lata marroquí, plateada brillante. Dueña del misterio.

La colección de cuentos de R. Piglia.

Sobre su pecho de polen, una suave piedra sobre la que reposa una esponjosa Flor de Marihuana. Su sonrisa tan cocida como tranquila.

Una piedra verde en un pie, una negra en el otro. Tres velas prendidas a su lado.

¡Los muertos respiran, yo te ví JF!


Es tu mucho.

¿Cuándo sea nuestra ruina, profanarán nuestras tumbas?

Sí. Esto todo, bajo el sol bestial.

Que cantidad de palabras para esconder la humilde vulnerabilidad de nuestra carne.

¡Cuánto sol de noche y calor de cielo libre!


Un pie en el agua, el otro en la arena. El que avanza sigue el dibujo de las olas, abriendo la ventana del sueño.

Se va.

Las que nos quedamos en la orilla construimos con arena la forma que nos une.


Es realmente mucho.

Voy a quemar este relato, agradecida del cruce entre los ojos y el papel.

Vamos a quemar estas palabras y prender todas las flores en tu honor.


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